Quimio IV

Sobre un sillón
con reposapiés,
descanso.
En el brazo izquierdo
sólo un pinchazo,
conectado a varios frascos,
que,
con cadencia programada,
dejan caer gotas
lentamente en mis venas.

Pienso en tu sonrisa.
Me lleno de energía
Nada sería igual
sin saber que la desconexión
supone el encuentro.

Segesta

El color rosado sobre la nieve del Etna

va perdiendo su fulgor.

La tarde llega a su fin.

Cierro los ojos y me lleno de imágenes.

Grandes columnas dóricas

inundan mis pensamientos.

¿Que tienen estas calizas talladas

por manos expertas, elevando

hacia el cielo su robustez ?

¡Segesta!.

Templo olvidado y no acabado

en la ladera de un monte,

espera ver un destino propicio.

No tiene sentido tanto esfuerzo

sin dedicación, al dios elegido.

¡Zeus!

 ¿No quiso ser allí venerado?

Ni incienso, ni sangre de corderos,

ni el sonido de lira alguna,

hizo glorioso al templo.

El paso del tiempo lo elevó

a lugares más altos, donde

peregrinos de todas partes,

no necesitan al caprichoso dios

para embriagarse de belleza

y celebrar los ritos dirigidos

a aquellos que ordenaron,

tan equilibradamente,

la materia.

Todo es materia de recuerdo

Todo es materia de recuerdo,
en donde la nostalgia se deleita, 
extrayendo aromas dulces de la rosa,
aunque esta esté ya cortada,
o la suave y salada brisa del mar,
sin barcos en el horizonte.
Luego la imparable mente, sube,
baja, entra, sale frenética por
parajes muchas veces reconocibles,
en un viaje vertiginoso sin equipaje.

La luna sale brillante sobre la loma,
y es luna soñada, ¡tantas veces vista!
Colgada de adornos, ecos remotos,
surgidos dulcemente en la distancia,
ahora los lava, la corriente del río
y la lleva, dando tumbos, hasta el mar,
donde habita el olvido.

Demócrito

En el fulgor de la caída del sol,
recorro Abdera, en un giro por necesidad,
que diría uno de sus ilustres hijos,
por los vacíos separados de la escasa
materia, residuos de lo que en otro tiempo
fue espléndida ciudad de pensadores.
Como átomo moviéndome en línea recta,

"el ser es lleno y sólido,
él no ser vacío y sutil"

El sol alarga, la sombra por la calle empedrada,
de un extremo a otro, mensurándola, 
invadiendo de oscuridad retazos pétreos,
intensos instantes de penumbra,
elevándose sobre una erguida columna,
moviéndose cadenciosa al ritmo de mis pasos.
Ser y no ser girando en Abdera.
    

Un recuerdo

Un recuerdo,  del pozo de los silencios,

con cimientos en lo más profundo

nos derrama en un instante

chorros de nostalgia y dulzura,

postergando nuestro ahora,

solo revivir y tomar aliento.

Nos recostamos,

nos llenamos de serenidades,

algunas veces de tristeza húmeda,

miramos cómo transcurre el recuerdo,

transformado al revivirlo,

en ese entusiasmo de lo pasado,

que ayuda a tirar del presente,

hacia ese futuro nunca conocido.

Hasta que en un recodo del entusiasmo

nos salimos a la vía del ahora.

La tarde no había acabado

La tarde no había acabado pero,
empezaba su declive hacia
la impermanencia de las cosas, cuando
la luz juega a esconder los límites,
llenando el abismo de formas.

La luna, tranquila con su disco, 
luz de plata de resplandor puro,
de lo oscuro y en penumbra,
atrapa nuevamente ciertas formas 
dando continuidad al abismo.

Como rescate imposible de la muerte,
así la Aurora y el Sol refulgentes,
salvan con hermosa melodía, 
primero las cimas altas, para luego,
desterrar totalmente,
las sombras imperiosas de la noche.

Los espartos

Los espartos se mueven a mi lado,

mecidos por la suave brisa de la tarde

que arrastra una humedad salina

a depositarse en la arena donde estoy sentado.

La vida, como un mar inmenso,

y en el horizonte un buque negro.

Se acercan las olas surcando ese mar gris

cadenciosas trayendo, a lomos, recuerdos.

Muchos se quedan sumergidos en la vida.

Adornados de blanca espuma, otros,

llegan con nostalgia hasta la orilla.

Los finos tallos de esparto, se mecen

y acarician mi brazo extendido,

intentando atrapar algo de espuma.

Ensoñaciones

Es preciso ver
entre las ramas de los árboles
aquel árbol recién nacido
erguirse entre el bosque
buscando su sitio

Mirar entre las nubes
el azul inmenso
ahora constreñido
entre oscuros  algodones.

Ver entre las aguas 
trasparentes y límpidas,
oscilar las algas
al movimiento de la olas,
y al coloreado pececillo 
mecerse entre ellas.

Apreciar
la diversidad de granos de arena
que hay en la playa,
su naturaleza y origen
y reírte,
al pensar en contarlos.

Seguir la enorme ola
que parece llegara a tus pies
con toda la energía con que rompe,
para ya sin fuerza
sólo mojar los dedos.

Buscar 
en la noche estrellada
la osa polar
y luego ir uniendo otras estrellas
formando constelaciones sin nombre
en un juego infinito.

En esta inmensa soledad
del universo,
solo aferrándonos 
a pequeñas cosas
llegaremos a entender
el porqué de este infinito.

La mosca en el borde de la mesa

A Ana y Jose

Tarde de estío en la plana Castilla.

En el corralón de la casona,

las acacias mitigan el calor.

Verde con fondo azul.

En el aire zumba un moscardón,

y en el alero del tejado

se ha parado una golondrina.

Silencio en el silencio.

El azul grita de calor, mientras

una mosca recorre, ligera, el borde de la mesa.

Un punto del infinito es esto,

y alrededor más infinito,

enmarañando el  concepto.

Barcarola de tumultuosa soledad,

varada  en un mar también infinito,

debajo de los brazos, llenos de quimeras,

yo, pobre habitante perdido en este mar amarillo,

me acerco al borde del mismo,

los días fueron creciendo sobre mi,

casi sin que me diera cuenta.

Y eso fue vivir.

Corriendo entre malezas y viento.

Lunes sobre martes…luego los domingos,

Tan alegres y tristes, con anhelos invisibles,

en las partes oscuras de la atmósfera…

La mosca sigue su camino, en el borde de la mesa.

Álamos

Álamos del río en su ribera,

delimitáis el curso de la inquietante 

y apresurada agua, por llegar

siempre puntual a su cita con el inmenso

Lloráis como las hijas del sol,

ambarinas gotas que adornan 

vuestras temblorosas hojas,

pasada ya la luz de la luna,

después que las estrellas hayan

dado por terminada su carrera,

para que el río las lleve al salado.

Viéndoos, Climene reconocerá 

el destino de sus hijas al haber ayudado

a su hermano a hurtar las riendas de los rayos

del que diariamente todo ilumina.