Sobre un sillón
con reposapiés,
descanso.
En el brazo izquierdo
sólo un pinchazo,
conectado a varios frascos,
que,
con cadencia programada,
dejan caer gotas
lentamente en mis venas.
Pienso en tu sonrisa.
Me lleno de energía
Nada sería igual
sin saber que la desconexión
supone el encuentro.
Todo es materia de recuerdo,
en donde la nostalgia se deleita,
extrayendo aromas dulces de la rosa,
aunque esta esté ya cortada,
o la suave y salada brisa del mar,
sin barcos en el horizonte.
Luego la imparable mente, sube,
baja, entra, sale frenética por
parajes muchas veces reconocibles,
en un viaje vertiginoso sin equipaje.
La luna sale brillante sobre la loma,
y es luna soñada, ¡tantas veces vista!
Colgada de adornos, ecos remotos,
surgidos dulcemente en la distancia,
ahora los lava, la corriente del río
y la lleva, dando tumbos, hasta el mar,
donde habita el olvido.
En el fulgor de la caída del sol,
recorro Abdera, en un giro por necesidad,
que diría uno de sus ilustres hijos,
por los vacíos separados de la escasa
materia, residuos de lo que en otro tiempo
fue espléndida ciudad de pensadores.
Como átomo moviéndome en línea recta,
"el ser es lleno y sólido,
él no ser vacío y sutil"
El sol alarga, la sombra por la calle empedrada,
de un extremo a otro, mensurándola,
invadiendo de oscuridad retazos pétreos,
intensos instantes de penumbra,
elevándose sobre una erguida columna,
moviéndose cadenciosa al ritmo de mis pasos.
Ser y no ser girando en Abdera.
La tarde no había acabado pero,
empezaba su declive hacia
la impermanencia de las cosas, cuando
la luz juega a esconder los límites,
llenando el abismo de formas.
La luna, tranquila con su disco,
luz de plata de resplandor puro,
de lo oscuro y en penumbra,
atrapa nuevamente ciertas formas
dando continuidad al abismo.
Como rescate imposible de la muerte,
así la Aurora y el Sol refulgentes,
salvan con hermosa melodía,
primero las cimas altas, para luego,
desterrar totalmente,
las sombras imperiosas de la noche.
Es preciso ver
entre las ramas de los árboles
aquel árbol recién nacido
erguirse entre el bosque
buscando su sitio
Mirar entre las nubes
el azul inmenso
ahora constreñido
entre oscuros algodones.
Ver entre las aguas
trasparentes y límpidas,
oscilar las algas
al movimiento de la olas,
y al coloreado pececillo
mecerse entre ellas.
Apreciar
la diversidad de granos de arena
que hay en la playa,
su naturaleza y origen
y reírte,
al pensar en contarlos.
Seguir la enorme ola
que parece llegara a tus pies
con toda la energía con que rompe,
para ya sin fuerza
sólo mojar los dedos.
Buscar
en la noche estrellada
la osa polar
y luego ir uniendo otras estrellas
formando constelaciones sin nombre
en un juego infinito.
En esta inmensa soledad
del universo,
solo aferrándonos
a pequeñas cosas
llegaremos a entender
el porqué de este infinito.