Misterioso océano


Misterioso océano donde los ríos se vacían.
Las desgranadas rocas de la tierra,
se entregan pesadas, al largo viaje
que las conducirá a tu hondura sin fin,
útero materno, recordando el origen.
Naturaleza desenfrenada
con la energía original.

Materia creada y agregada a otras
a lo largo de su existencia
sin más significado, ¡nada más!
que lo que llamamos Naturaleza.

Camino a transformarse en diferente materia,
donde otros componentes, otras texturas,
otras durezas, otros colores,
todo lo necesario para crear nuevas tierras,
nuevos continentes sin nombres ni fronteras,
allí, solo el aroma del nuevo paisaje impera.

Insondables océanos, agitados esperáis,
a preparar oleajes y tempestades,
como jamás se vieron,
a regenerar y transformar la tierra
con perspectivas de esplendor incesante.

Prados verdes

Es verde la alfombra extendida sobre los campos.
Las últimas lluvias de julio nutrieron de color
árboles, matorrales y prados.
Los pájaros en abierta algarabía, de vuelos y trinos,
se adentran en el follaje y picotean
la fruta, que aún no está en sazón.
Las lánguidas brisas traen aromas
de los tardíos rosales, apresurados 
por mostrarse de diferente color,
al tiempo que parecen agotarse bajo el sol tardío.

Tardes de verano con maneras repetidas.
Antes sin conciencia de su misterio,
hoy, con la extrañeza y el misterio de vivir.
Hay un canto de pájaros cercanos
entre las ramas del naranjo,
en esta hora que cae y trae la noche
a pasos muy cansados, 
trayendo la sombra desde 
donde antes había luz,
apagando el mundo por un tiempo
que se hace interminable
encendiendo los recuerdos
hasta la llegada del alba.

Los poetas envidiosos

El cisne se desliza  
Silencioso, blanco, bello,
con el cuello bien estirado,
y lo dobla para dormir.

Duda la luz de la vela,
al iluminar la oscura estancia,
por el leve aleteo de la mano,
en el gesto de encender.

Canta el pájaro en el árbol.
Con melodía hermosa vibrando por el cielo.
Tendiendo al sol va, sus versos,
de rama en rama, a secar su rima.
Ni rima, ni ritmo distingo en la rama.
No se le mueve una pluma.
Los poetas envidiosos,
con sus plumas se apresuran,
a ser los primeros en captar
algún verso,
ya seco,
desprendido.

En algún rincón oscuro

En algún rincón oscuro del cerebro,
se han ido acumulando datos
que conforman una historia de existencia,
abismo en el universo de la realidad.
Ancho mar, de continuo alimentado,
por corrientes que llegan gastadas
de tanto transitar, entre alegrías y penas,
a modo de bagaje vital.

¡Fuera pomposa historia!
¡Bienvenido enigmático futuro!

Castilla


Algunos escalones, moldeados,
por pisadas constantes y circulares,
conducen a lo alto de la torre,
desde donde, la antes angustiada mirada,
se extiende y acomoda sobre la campiña
que esplende bajo el azul dosel.

Atalaya natural, es la torre
a falta de lomas, en el panorama castellano.
Verdea aún el trigo, tachonado de amapolas,
en los largos campos de pan.
Los cielos invernales se rinden ante
el triunfante sol de primavera,
dejándolos cálidos y serenos.
El trigo con ansias de llegar a fermentar,
aprovecha para tímidamente amarillear.

Los pocos árboles del paisaje,
bordean delimitando el camino.
Cuando amarilleen los trigos,
será el único verde del campo,
que como río, serpenteara las mieses.

Caída la tarde y de violeta anochecida,
sentado al amor del cálido fuego,
con un trozo de pan en la mano,
busco, atrapado en él, el paisaje.

Engaño

Entre nubes apareció la luna
mostrando, completo, su pálido rostro.
Hizo brillar las hierbas impregnadas
del trémulo y prematuro rocío.
Despertó a la rosa, engañada por la luz,
exhalando su fragante perfume.
Captando suaves notas flotantes
del himno, aun no sonoro, del albor,
para lucir, la primera y más hermosa del día.

Confunde la luna, con las luces del alba

La tormenta

A través del aire de la mañana,
fresco y tranquilo,
reposaba el paisaje en su verdor.
Los plateados abedules, con sus recientes hojas,
alabeaban sus copas, presumidos.
La mirada descansa en las herbáceas laderas.

El cielo se cubrió de blancas nubes locas,
y como ovejas correteaban en el azul.
Arremolinándose, como en aprisco,
se tornaron en oscuros nubarrones,
que descargaron, con estruendo, su diluvio

Los iluminados manzanos acudieron,
con los pétalos de sus flores,
flotando como copos de nieve,
en la acuosa algarabía.

Las nubes se fueron deshaciendo
y nuevamente el sol con fulgor surgió,
rutilante verde surgiendo del agua,
nieve de los manzanos aún cayendo.

En los vidrios de las ventanas,
restos de la tormenta.
Gotas de lluvia atrapadas,
inician sus raudos viajes,
con destino claro, hacia la arroyada.
Por distintos caminos bajan,
encontrándose en encrucijadas,
uniéndose, para más rápido ir en la bajada.


Un mirlo posado


Un mirlo posado mansamente
sobre la rama de un árbol.
Sin movimiento, parece disecado.
No hay miedo a depredadores.
Me diseco también en la mirada.
Espero algún leve movimiento.
Los sonidos envuelven el silencio.
Pero sí hay movimiento
en el balanceo de los altaneros árboles,
con direcciones que las brisas marcan,
firmes al suelo de la herbosa pradera,
niños juegan con toda clase de objetos
y gritan excitados de imaginaciones.
El mirlo, ajeno a todo, no se mueve.
Se va moviendo en un todo

Imagen bajada de la red

La noche

La noche visitó el jardín,
como visita esperada.
No tocó la puerta,
recorrió todos los rincones,
en busca de los últimos rescoldos,
del que un rato antes brillaba.

La luna, a distancia mira,
sin inmiscuirse en nada,
a la espera que la noche,
apagando toda llama,
a todos los rincones llegue
y se instale hasta mañana.

Cuando ya solo el silencio es visible,
resplandece y se engalana,
plateando todas las formas
que antes en la noche estaban.

Diego Hodge

El castaño

Ha crecido el castaño sin casi darme cuenta.
Hace años lo planté en otros amaneceres,
cuando la vida se sentía inabarcable.
Hoy, al atardecer, los rayos del sol,
con un ruido de tractor al fondo,
iluminan las ramas aún desnudas,
del ya robusto y erguido castaño.

La piel del árbol, tersa y fina,
la mía menos tersa y arrugada.
Efecto abrasivo del tiempo,
desprendiendo olor a fruta mustia,
a hojas húmedas en otoño.

¿Qué pensará el árbol al verme?
Recuerdo cuando lo planté,
siendo él un retoño de no más que un palmo,
pensé en verlo hacerse grande
y ahora, casi sin darme cuenta
y con el sonido de tractor al fondo,
un mar me llena los ojos,
rompiendo en una gran ola de alegría.