¿Dónde estaban las palabras antes de ser usadas?

¿Dónde estaban las palabras antes de ser usadas?

Todo permanecía sin nombre hasta que alguien,

fascinado al contemplar la luna,

que se repite colgada del espacio,

sintió la necesidad de asignarle un nombre.

Distinguir un árbol de un arroyo,

un pájaro de un perro,

una montaña de un llano.

Podías contar que habías estado debajo del árbol

Viendo cómo revoloteaba un pájaro

mirando al fondo la montaña.

Luego vendría diferenciar un roble de un fresno,

El pájaro de otro diferente …

Y así llenamos todo de palabras.

Miramos el paisaje y no las vemos, pero

lo invaden todo para poder guiarnos.

A través de los sonidos aprendemos a usarlas

con la seguridad que te entenderán,

estableciendo así la comunicación.

Nos nombramos las personas para distinguirnos.

El paisaje para identificar lugares de referencia.

Así estamos inmersos entre palabras invisibles,

que cuelgan definitorias de lo que nos rodea

permitiendo una conversación infinita.

Jugamos con ellas e incluso hacemos

que cambien de perspectiva

según las circunstancias como en la poesía.

Cada una tiene su sonido particular.

Tienen la posibilidad de evocar.

Nostalgia, tristeza, soledad…

También el pensamiento incansable

se apoya en ellas.

Quizá porque, sin ellas,

el mundo seguiría estando ahí

pero no sabríamos como nombrarlo.

Mirada

El día era gris, frío y húmedo.

Por un momento un sol indeciso

y luego de nuevo un cielo encapotado.

Los árboles esqueléticos dormían.

La ausencia de hojas,

hacía más invisible el suave aire.

Un silencio triste envolvía todo….

¿Tiene el paisaje conciencia de esto?

¿Sentía el día el frío y la humedad?

Pienso esto en silencio

sin perturbar lo que veo intentando

que la mirada recoja otras luces,

otros olores, otras respuestas

que seguro hay en el paisaje.

Tierra llana de Castilla

Tierra llana de Castilla que el azul aplasta.

Verde en primavera con gotas de sangre.

En estío, la hermosura del dorado trigal,

agosta el amarillo hasta hacerlo crujir,

oculta la sed que tiene y ansias de mar.

Línea de horizonte ya tiene.

Enhiestas velas de piedra al fondo navegan,

en un cálido mar de callada tempestad.

La sombra de la noche cae de golpe.

Las luces del crepúsculo no alargan sombras

más que de la iglesia y las tapias.

El alba se presenta luminosa y fría

antes que el globo ardiente salga,

por los resecos surcos se eleva niebla

como humo del rescoldo del ocaso

y de las ramas de romero penden gotas, 

que los pájaros prestos vienen a libar

antes que el sol las evapore en la nada.

Pocas gentes andando en los caminos.

Grandes tractores recogen las cosechas.

Los viejos, pocos, al sol de poniente,

calientan los huesos como antaño.

Ya el poeta dijo que sus pobres hijos

hace tiempo huyeron de sus lares.

Los ríos y tormentas, llevan lejos,

residuos del paisaje a otros lugares

mientras el sol de estío implacable, 

envía sus rayos sobre los campos yermos

La falsa luz

En la penumbra polvorienta de la tarde,

cuando el ocaso recoge los últimos rayos

y aún no asoman las luminarias estelares,

que pueblan libres el vasto y oscuro abismo,

inalterables se transforman las cosas,

en extraños claroscuros del mundo conocido.

Extraña se yergue la torre de la iglesia.

que encaja en la que se tiene imaginada.

La gente deambulando, poca, como sombras.

En el cielo una nube aún algo iluminada.

Enfrente, la esquina de una casa,

con su ventana en la fachada, 

el sol ya no da brillos en los cristales,

y las paredes grises parecen recién pintadas.

Ante la apagada visión, ¿único espectador?

largo tiempo estuve, hasta que adentro,

la oscuridad también llenó la estancia toda.

La artificial Alba recobró el falso día.

En la espesura del bosque

En la espesura del bosque,

donde la luz penetra a modo de esquirlas

desprendidas de un sol que no se aprecia,

donde las hojas perfumadas y húmedas,

juntan gotas que deslizándose caen 

a la ansiosa tierra, cuando llueve.

Las ramas cautelosas, en acompasado vaivén,

acarician la oscuridad en el silencio.

Del silencio inicial van surgiendo sonidos.

La desbandada de aves al sobresalto,

el crujido de hojas al paso de algún animal,

el trino del agua de invisibles manantiales,

el zumbido de un moscardón en el helecho.

el corazón fuertemente latiendo…

Todo lo que existe expresándose.

Todos los sonidos del silencio

de un organismo del que formo parte.

Elegía

A Josemi

Por la ventana abierta

muestra el destino su silencio.

Agazapado en el tiempo, 

y entre nubarrones desdibujado

de pronto, sin palabras ni voces,

expresa que no habrá mañana.

La luz es un pretexto en la sombra.

Cielo y tierra en obsidiana unidas.

Línea fina ardiente separando,

lo que tus ojos y tu cámara veían.

Te has llevado la línea iluminada.

Cielo y tierra se juntan en la sombra,

más allá se estremecen los abismos,

y aquí seguimos aguardando.

Inútil ya todo parece. Las lágrimas 

distorsionan la realidad del paisaje.

¡Hermosos días compartidos juntos!

Dinos : ¿qué hay al otro lado del ocaso?

Ciudad


La ciudad contemplada desde el monte,
no enseña la intención secreta que guarda
confusión sin rumbo de sus calles,
ambición de prosperar lejos del hambre.

Deseo de un mundo sin límite en algunos.
De otros alejarse de tierras y cosechas,
un aire empujó al aire los deseos,
como realidad de leyenda fabulosa.

Hijo feliz del viento y de la tierra.
¿Dónde recuerdas tu otra primavera
en que las tiernas hojas, juguetes eran,
de las recién llegadas golondrinas?

Vuelve hoy a aquellas sombras,
en busca de lejanas primaveras,
a revivir tu vida de antaño,
por un momento si pudieras
ViviLnk

Pueblo IV


A Ángeles G. Weruaga

Agitando los rincones solitarios
donde habitan telarañas y polillas,
nutridos de sueños de polvos grises,
por el postigo hendido del ventanuco,
se filtra un sol furtivo y mañanero.

Quiere el sol mitigar la agonía,
iluminando haces de recuerdos.
Se fueron todos directos al olvido.
Ausentes de aquellos que ocuparon
llenando de vida todo el pueblo.

Efímera luz en los rincones.
En flor los abandonados frutales.
Con benevolencia tibia los contemplo.
Afuera es espléndido el mediodía.
Dentro hace tiempo llegó el ocaso

Pueblo III

Duermen sosegados los muros.
Caen sombras desde el cielo nublado,
polvo gris cubre los resquicios de las piedras.
El silencio con largos ecos de sonidos huecos.

No hay rasgos de vida en las paredes, donde
sentados reposaban la espalda los viejos,
en los días de solana y a la espera
de ver cómo amarillea la luz de la tarde

La piedra nada más, bien labrada en los dinteles,
sin exigir forma y talla en las paredes.
fachadas grises y alguna ventana
para ver cuándo el sol despierta.

Pocas hojas que el viento revuelve.
Ni un pájaro. La piedra nada más. La tierra.
Todo envuelto en un sueño de silencio,
Sin dolor, con olvido, sin ruido, como muerto.

Pueblo II


Notables ruinosas piedras,
sostén y morada de los hombres,
de hiedra y yerba tan solo adornadas,
sombras sois del paso de los siglos,
testigos sois y recuerdo del vivir.
Silencio de un mundo pasado.
Todo reposa, ni la muerte acecha.
Belleza tranquila de la nada.