Lágrimas

Quiero ver el límite

entre el ocaso y la noche.

Mientras contemplo,

los últimos y alegres colores del día,

titilan al otro lado las estrellas

sobre un fondo oscuro.

y la luna, con su reflejo,

intenta inventarse el día.

Quiero encontrar

la nítida transición.

pero unas nubes,

cargadas de lágrimas,

buscando sitio donde llorar,

me ocultan parte del cielo.

Tiempo

Etérea mariposa,
recién transformada
de devoradora larva,
vuelas ahora,
sin prisa aparente,
buscando,
con tus finísimas antenas
la mejor flor
donde desenrollar
tu alargada lengua
y llegar a lo más íntimo
de aquella que adorna la rama.
Acabas de cambiar
forma,
hábitos de comida,
preparado los mejores
y más vistosos colores,
para que tus alas
sean atractivas,
al fin de perpetuarte.
Y tan sólo tienes
unas horas por delante
para llevar a cabo
¡tanta tarea!
Silenciosa y sosegada
Incluso, me parece,
pierdes tiempo
contemplándome
desde el exterior de la ventana.

¡Oh! especie humana
Sin tiempo a libar,
sorbo a sorbo la vida.


¿Naturaleza muerta?

Roca desgarrada

Arrancada de su naturaleza

Golpeada, clavada, arrastrada,

Transformada, no en alada ninfa,

ni en Apolo autocomplaciente,

ni tan siquiera orlada para cualquier

capitel de los tres órdenes.

Trasladada por quien sabe qué manos,

te dieron la ubicación, sin entrada,

situándote en el doce peldaño

de la subida a la grada izquierda,

del teatro en la ladera de Pérgamo.

Tu destino no fue admirarte.

has soportado el peso de ¡tantos pies!

que ya falta parte de ti misma.

Ahora, contemplando la eterna representación

que sucede más abajo,

esperas que se baje el telón inexistente,

sin saber claramente cual es el final

de una naturaleza muerta,

a mitad de camino de una representación

Encina

Encina, estatua solitaria en la llanura,

lugar de encrucijada en el camino,

hito en la lejanía que indica el norte,

has conocido miles de pasos cansados,

todos los temblores del mundo conoces,

Sin agua fresca que prestara un río,

grata sombra de desnuda soledad,

proporcionas, en el calor del estío.

Una piedra arrimada a tu tronco

reposo, tal vez, del ser cansado

al reverberar el sol del mediodía,

encendiendo las piedras y la arcilla,

alguien colocó un día,

descansó sobre tu rugosidad su espalda,

tú le diste apoyo y él su compañía.

Tus perennes hojas con ojos miran,

los caminos polvorientos y escarlatas,

acercándose en ellos, los que buscan

la grata sombra de desnuda soledad

Llega la primavera

En pleno y frío día de invierno

casi sin darme cuenta

se presentó tímidamente la primavera

Y una sensación de renacimiento

recorrió, reconfortante, todo mi ser.

Pero poco había alrededor

que justificará que ella estaba.

Aún los árboles desnudos,

las aves frías en el río,

las cumbres blancas de nieve

y el frío invernal azotando las mejillas.

Tan sólo un salguero en la orilla,

mostraba unos incipientes brotes blancos,

que pronto estallaran como flores abiertas,

y allí me pare a contemplar anhelante,

el aviso de que inexorablemente llegara.

la que me había hecho estremecer

Paisaje 356

Hay paisajes que uno contempla 

¡Tan extasiado!

que necesitaría que el tiempo, con su ímpetu,

se parara en infinita contemplación.

Y entonces espero a que la oscuridad,

imponga el desvanecimiento del milagro.

Lentamente en las orillas del recuerdo,

voy recogiendo los elementos 

que construían el entusiasmo,

en un rincón del tiempo. Así

colocados en cajas: «Paisaje 356»

en los desvanes oscuros del olvido,

a fin de recuperarlos y revivirlos 

en la tibia luz del atardecer.

Yellowstone

No cabe encontrar

la perfección matemática

en sus formas,

como en la simétrica

naturaleza mineral.

Aquí todo es enorme

hasta en lo mínimo.

Abstracto en lo real

y al mismo tiempo cambiante

en su presentación.

El tiempo cuenta

para la percepción.

El archivo visual de colores

aumenta el contenido

en matices antes no percibidos

y crees haberte caído

sobre una tela de Rothko o de Vicente.

No podemos colgarte en un museo

y por eso te pintamos

Amazonas (Impresiones ante el friso del Mausoleo)  

Hijas del frío río que no os nombró.

Llegasteis para combatir

en la colina frente al gran templo.

Como un finísimo peplo

la muerte cubrió

vuestros cuerpos despechados y valientes

Mausolo, más famoso que vosotras,

con la ayuda del de Paros,

os incluyó en su pétrea magnificencia

inmortalizándoos,

para ser recordado siempre.

Se ha borrado vuestra historia,

vuestra leyenda,

vuestro ideario.

Solo la calcárea roca

muestra la maestría en el combate

Y la elegancia del ceñido y abierto quitón.

 Os nombra la inmensa masa de agua

que riega vastas tierras,

recordando vuestra feminidad acorralada

y en la pasarela pétrea,

del lateral de la arquitectura mortuoria,

permanece el escaso ideario divulgado.

Scopa, escultor de Paros, fue encargado de esculpir un friso lateral del Mausoleo de Alicarnaso, representando la batalla de las Amazonas con los Lapitas, que tubo lugar frente al Partenón. Actualmente se conserva, en parte, en el Museo Británico. ¡Cómo no!

Niké áptera

Fue Fidias acaso o tal vez Lisias,

el que inmortalizara al Magno.

¿Quién te tomó esa instantánea pétrea

mientras la correa de tu sandalia

pretendías asir para atarte?

Descuidadamente tu glauco pecho

estiró la túnica que levemente lo cubría,

al mismo tiempo que la tela ceñía 

tu vientre de espuma originaria

Narciso

Cerca del río,  en el soto,

al arrullo de la fresca música del agua,

y queriendo mirarse en ella,

un narciso inclina la cabeza

con ansias de alcanzar el azogue

que flotando, sin interrupción, baja.

Un cuervo negro vaga por la orilla

destacando entre la escasa nieve,

que aún conserva el prado.

Multitud de ojos escudriñan el espacio.

Y él, aún henchido de ansiedad,

se estira para ver la música que pasa.

La felicidad se desvanece, 

como la luz del sol al paso de la nube:

El agua inconsciente, cantando pasa, 

sin dar la imagen que el narciso espera,

abrazado a imágenes fugaces.

Del cuadro sale volando el cuervo.

La campana se levanta hacia el sol

mostrando sus dorados estambres,

un insecto se para a libar en ellos.