La niña y Gabrielli

Aún no finalizaba el otoño
y un viento fresco cruzaba,
como un chorro húmedo,
por el puente sobre la calle líquida.

El sol, lanzando sus rayos de despedida,
encendía, la torre de Santa María Formosa
y el campo a sus pies, se llenaba 
del jolgorio de niños correteando,
con el límite: hasta que florezcan en el cielo 
los astros de la noche.

Sentada y la espalda apoyada,
en la fachada de la iglesia,
la mirada perdida al otro lado del canal.
Con sus oídos mira la ventana ojival,
que se abre desbordante de sonidos.
Dentro, iluminado por grandes velas,
un largo de violonchelo y continuo de Gabrielli,
provoca en los ojos, abiertos en vano,
la magia de la música,
y se desliza una lágrima, no vista.

Al fondo del canal se aleja una góndola, 
dejando una estela y el agua en movimiento,
donde flota el dorado de la luz ojival,
con los últimos sonidos que el cello deja.

Po E M a

Como hojas de los árboles en otoño
caen los versos sobre el blanco poema,
llenándolo, en muchos casos,
de enigmático y definitivo resultado.

Hojas de los árboles
caen sobre el blanco poema,
Llenándolo
de enigmático resultado.

Hojas
sobre el poema
llenándolo
de resultado.

Hojas
poema
resultado

Po
e
ma

Escarbando en el olvido

Escarbando en el olvido.

Husmeando en la nostalgia del pasado.

En disposición de silencio y sonrisa,

un tanto socarrona en los labios,

queriendo descubrir sensaciones,

antes no percibidas y olvidadas,

depositadas por el tiempo

en el desván donde moran los recuerdos,

busqué la imagen primera del mar.

¿Qué sentí cuando por primera vez lo vi?

Cuando en otoño, antes de que caigan las hojas,

el colorido del árbol con la luz del atardecer,

nos regala su esplendor encendido,

¿Hubo también una primera vez?

Pero estas cosas no quedaron grabadas.

Sepultadas y en su infinito desorden,

el polvo del olvido, las ha borrado.

Frente al mar

Frente al mar, contemplando absorto

el cotidiano movimiento de la extensión,

agua casi sin límites, de rugosa superficie,

con cada ola sacudiendo su húmedo frío, 

elevando espumas, gotas y brumas,

combatiendo y desmenuzando rocas,

en diminutos fragmentos, abismados

en lo más profundo del mundo salino,

el viento me trae frente al mar que conozco,

retazos de vida, que con las olas

se aproximan con constancia hacia la orilla.

Patética op. 13

Las hojas del cerezo

trémulas se mueven,

con una leve brisa, diría soplo.

Me atraen en su inquietud,

mientras en el piano se inicia

el tiempo lento de la sonata Patética.

Como formando parte de la naturaleza,

dejó Beethoven sonidos tan bellos,

que hacen vibrar,

las hojas internas de nuestro ser,

invadiéndolas del veneno de la nostalgia.

Con cada nota te adentras 

en un mundo, del que no quieres regresar.

Retumbando aún en el interior,

se termina el tiempo.

¿A dónde regresa la música?

¿Y la nostalgia?

¿Y yo…?

Haz “Clik” en el enlace para escuchar  la música

https://youtu.be/H98Ms1wex2Y

Árboles

Por mucho que me adentre en la espesura

no acierto a comprender

¿Qué me dice el roble cuando

me apoyo sobre su robusto tronco?

No entiendo al haya y sus hojillas

tiernas en primavera, bailando

al son de de una silenciosa música

orquestada por una imperceptible brisa

El laurel que encierra a Dafne y sus laureles

gloriosos para las sienes del atleta.

El misterioso tejo, envuelto en nubes

de lo incomprensible para el hombre.

Al ginkgo atesorando tiempo,

¡tanta sabiduría  de lo vivido!

Quiero comprender su mensaje

escrito en sus hojas, lo pierdo cada otoño

sin entender el lenguaje…

Pella

Camino lentamente sobre las losas
en la calle principal de la que fue Pella.
Los soportales del Ágora no me brindan sombra
El mar queda ahora lejano,
cada vez más lejos rompen las olas,
ansiosas por llegar a la orilla perdida.
No oigo el roce del agua en la playa.
No hay naves, de curvada quilla,
que golpeen los amarres sobre las maderas.
La tierra ha ganado al proceloso mar
inundándolo de cascotes, esplendor 
de las montañas circundantes.

Busco el fulgor de otros tiempos
en estas gloriosas ruinas de Pella,
donde se celebraban los éxitos de conquistas
y la destrucción de otras ciudades.
Y todo queda en nada, 
montones de cascotes del derruido  imperio,
colmatan y reducen el mar de la historia.

La soledad

La soledad inmensa de la tarde,

del metálico invierno declinando,

muestra gotas de lluvia que cuelgan

del castaño sin hojas en la vereda,

monótono orvallo, insistente agua,

viento que mueve la húmeda niebla.

Reflejos de mar tienen los suelos 

mojados, ventanas abiertas a batir

de olas, que los pájaros imitan con las alas

mirándose en los charcos buscando

luces ocultas del negado poniente.

Invierno cansado y en lluvia postrado,

musgos persistentes envueltos en verde

perlados de gotas y una hoja caída,

del castaño y a destiempo, dormida

ha quedado sobre el acuoso verde.

La primavera vendrá tiñendo los recuerdos

grávida de flores y de hojas verdes.

X Igual

¡Alocada letra!

No supe de tu existencia, 
en los felices años de la infancia, 
hasta que las profesoras, mandonas, 
y exigentes, con su aire terrorífico
como venidas de otro mundo,
te colocaron sobre el balancín del columpio.

Ellas lo llamaban quebrado
y desde aquel momento fueron apareciendo
nuevas palabras, 
venidas de no se qué otro mundo:
Ecuación, incógnita, despejar, sistema…

¿Qué alocada existencia la tuya!
Colocada siempre en diferentes sitios:
Arriba, abajo, sola, elevada,
multiplicada, sumada, restada, dividida…
y al final, despejada.
Y por fin, dejando de ser tú
O quizás siéndolo de manera más concreta,
valorada.

Llegado a este punto, 
Siempre quedé pensativo.
¡que complicación! Y que poca diversión, 
para jugar al escondite.

La noche arrastró los metálicos astros

La noche arrastró los metálicos astros
descendiendo por la ladera 
del otro lado del  monte, para 
dar paso a un viento precursor
de la alocada Aurora, sonrosada,
arrastrando el día y aproximando el cielo
Descubriendo lo negro de las sombras,
que la noche ayudo a ocultar,
muchas corren y desaparecen
perdiendo su oscuridad,
y donde estaban, sin recordar cómo era,
aparece claridad, 
¿sombras luminosas?

Los límites se extienden ampliando el espacio.
Adornando el silencio de los bosques,
inician su canto los pájaros.
El rocío amanece encendido de luces.
Van destacándose, setos, árboles, casas...
Veo llenarse de todo lo que la noche negó.
El día es firme y apuntala sus colores.
El estruendo del sol me azota la cara.
Y me siento surgir entre las cosas. 

El amanecer ha pintado un nuevo día.