Entre los árboles busco el tiempo

Entre los árboles busco el tiempo.
Su dimensión me engaña. Hoy: 
El altivo castaño con sus hojas largas,
el robusto roble y sus incipientes bellotas,
los blancos troncos de los abedules
moviendo dulcemente las hojas,
los cerezos de hojas ya anaranjadas,
precursores del cambio,
no parecen diferentes a ayer.

Es la una de la tarde en el reloj.
Terminó la mañana, fabricada con tintes del alba, 
henchida de hermosura.
creciéndose en sombras, la tarde, se instala.
Miro al gorrión parado en la rama.
Inmovil, solo un ligero mover la cabeza.
Según el reloj, han pasado dos minutos,
Mientras él sigue contemplando el espacio
Es la una y cinco. Es la tarde, indica el reloj.

Convenciones dadas. Todo sigue igual.
Se diría que no pasa el tiempo
y mientras lo pienso el tiempo ha pasado,
el presente se desvanece
y el futuro que intuía, pierde su origen .
¡ Inexistente frontera entre el pretérito y el futuro !

El gorrión sigue quieto en su rama.
Pasan veinte minutos de la una de la tarde.
Entonces, decide emprender el vuelo
hacia lo alto del abedul,
donde más se mueven las hojas
y mecerse en una rama.
Permanece inmóvil, otra vez
e intenta parar el tiempo.

Luz dorada

Luz dorada en el mar,

en la arena,

en los guijarros redondeados,

en las conchas abandonadas en la orilla,

Cruda luz del sol que la aurora

dio paso a través de los árboles,

con apresurada lentitud,

ilumina y entibia, ayudado por un aire 

¡viento loco!

Enfebrecido del nuevo día.

Amanece

Va extinguiéndose la noche.

La aurora prepara sus sedas

para que las mueva el aire.

Los colores, negados en lo oscuro,

esperan ansiosos mostrarse,

rosas casi rojos, amarillos casi blancos,

y del negro, grises que se tornan azulados.

Prodigioso espectáculo de las formas,

líneas nuevas delimitan lo oscuro

transformando lo conocido en ignoto,

llenando de imaginación lo real.

El sonido, durmiendo en silencio,

bosteza los primeros gorjeos en los pájaros

que, en una explosiva algarabía,

levantan lentamente el oscuro manto.

Se yerguen las montañas de su raíz,

del cóncavo firmamento su azul se adivina.

Canta el gallo, ladra un perro en la lejanía,

otros lo imitan en el coro de la obertura,

componiendo su armonía,

aumentando la angustia de la certeza,

confirmando, aún en los retazos de la noche,

el resplandor del nuevo día.

Huellas de la vida

El viento del olvido se ha llevado

como hojas secas en otoño,

los iniciales pasos hollando la tierra.

preludios del camino sordo de la vida.

Los pies, ahora, arrastrando sombras,

sosiegan el andar por tierra no pisada,

no hay sorpresa por encontrar adelante

aquello que ya el cansancio no buscaba.

En las dunas se encuentra, muda

y entre sombras, la puerta del futuro,

cerca el mar y su infinito horizonte,

los ojos fijos en él, buscan el ultimo rostro,

mientras la luna desliza su cola plateada.

La vida se arrastra (huye) en el tiempo,

en su transcurrir natural hacia la muerte,

pero hasta el final, aún nos ofrece

descubrir el canto matinal de los pájaros,

la sonrosada luz de la mañana,

del bosque ver y sentir sus latidos,

y el agua del río que incesante pasa…

Camino

Caminos, paseos, senderos

algunos muchas veces caminados 

otros ya ni en el recuerdo atrapados,

han ido registrando momentos,

de vida, ya del todo disipados.

Ahora, en los últimos tramos,

cuando muy atentos estamos

para ver donde pisamos,

vienen a la memoria, detalles

de la transitada senda.

Una sonrisa de agradecimiento

aparece al recordarlo.

Sigue, camino, haciendo fácil

a los caminantes su andadura.

Muéstrate esplendoroso, amable,

luminoso, abierto a todos los que pasan

así, al transitar, recogerán

parte de lo que les digas.

El pueblo habitado

El pueblo ya no es lo que era.

Una sola calle acoge, adosadas,

todas las casas en la ladera.

Nieva algo en invierno y llueve en primavera

reverdeciendo árboles y prados.

Los pasos han tenido tiempo de echar raíces.

Apoyado en el bastón, hecho a navaja, de avellano,

torcido un poco en la desgastada empuñadura,

rompe el silencio sólo ocupado por el chorro de la fuente.

Recuerdos perdidos se enredan en los pasos

y el cansancio de años le hacen parar.

Se apoya en el poste del cierre de la huerta.

Aún con energía tienta la sujeción del madero

y mira, con costumbre de mirar,

al otro lado del valle. 

Mira largamente.

Gastado y duro. Se sabe el nombre 

de cada rincón de lo que ve. 

Vigía al detalle de lo cercano.

Cierra los ojos, permanece pensativo.

Al abrirlos repite la emoción del paisaje,

cotidiano e imperceptible al cambio.

Sentado en la fuente contempla el caño.

Parece la misma agua siempre.

En una gota salpicada en una piedra,

cree reconocer la sed del tiempo pasado.

Se abrió un espacio de luz

Se abrió un espacio de luz,
entre las negras nubes de primavera,
que empujan al olvido lo pasado,
alumbrando con esplendor, parte 
de los acontecimientos futuros,
que proyectan sus sombras hacia adelante,
limitando el espacio presente del porvenir.

Agua de una ola atrapada en las manos,
se desliza, inexorable, entre los dedos.
y junto a otras, va presurosa a la orilla,
sumergiéndose entre los granos de arena.
De las sombras salen olas y más olas.
Y tengo que elegir alguna...

Dafne

Origen en una amorosa persecución,

del dios Apolíneo a la ninfa Dafne, exhausta, 

pide protección a su madre tierra.

En ella se agarran, sus veloces pies,

transformados en perezosas raíces,

sustentando al laureado árbol.

Atendiendo al mito de este imposible amor

entre Apolo y Dafne, de los aromas del árbol

que exhalan sus perennes hojas, cuelgan 

la ausencia y la nostalgia de la amada.

Los vencedores, los músicos, los poetas,

ciñen su frente con coronas de estas hojas,

para hacerse inmunes a los rayos divinos.

Los días pasados

Los días pasados que no volverán.
Cerrar los ojos y respirar.
Soltar todo el aliento contenido,
antes que sobre el mundo caigan,
como imágenes opacas, las tinieblas
o es que simplemente viene la noche
y detrás de ella un nuevo día.

Pero aun hay tiempo de contemplar,
en el horizonte, salir brillante y enigmática,
en los perfumes de la tarde,
al calor seductor de la canícula,
la poética y cantada luna.
Reflejada en el agua del río 
que imparable pasa y no la lleva.
Detrás de las gasas de nubes,
suavemente movidas por la brisa,
emborronando en opacidad su luz
repitiendo mensualmente su teatro.

Nostalgia del mar

Contemplo un amarillo mar

que derrama su trigo en el paisaje,

rompiente de olas su espuma roja,

la brisa lo trae suave hasta mi orilla

sin borrar mi escrito en la arena.

Las gaviotas se han vuelto golondrinas,

Revoloteando inquietas sobre el azul,

encendido perfume, irresistible luz.

Las cigarras imitan la resaca de la orilla,

y el efímero mar sigue con su música ritual,

llegando cadencioso hasta la orilla.