Esculpida en el aire tenso

Esculpida en el aire tenso,

al encuentro del alba sonrosada,

una hoja de otoño alabeada,

retuerce sus bordes ya resecos

y se dora, ardida de luz, en la mañana.

Resignada a irse al tetragrama

de tierra, agua, fuego y aire

que el canto del paisaje reclama,

formas efímeras despoja,

de su tersa frescura y lo posterga,

desposeída ya en su abandono,

a lucir la luz postrera que la acosa. 

Sol

Gozo al despertar en la iluminada mañana

La oscura montaña cubre aun el sol

para, en breve y desde la cumbre,

volcar su cargamento de rayos, que

rodarán ladera abajo hasta el río

provocando allí un estallido de luces

replicando miles de soles diminutos.

Resalta de luz la pradera,

Se destacan las hayas y los robles,

 las vacas echan humo por sus lomos

Y el primer humo de las chimeneas,

alborotado, sube contento de ser notado…

Rápidas y agitadas descienden

Rápidas y agitadas descienden

las aguas henchidas de luz,

que a través de los alisos

ilumina el sol de la mañana.

Se van transformando las sombras

en la soledad acuosa y sonora.

Cada rincón recibe luz en movimiento,

¿son minutos o solo segundos?,

de un abismo de furia luminosa.

Alguna hoja, 

agitada por una levísima brisa,

plena de vida, reparte

rayos que sobresaltan a las sombras.

El agua, vestida de sedas, insinúa

en transparencias sus puntillas blancas,

mientras ondulante y constante pasa.

Desde lejos, el sol en su cenit

Ilumina los contornos de los árboles.

Los sonidos crean un silencio inmóvil.

Todo se mueve lentamente y sin sonido,

cegado por el sol, 

al salir de la vida hermosa de las cosas.

Versos

Sentado a solas en la habitación,

la tarde va entregando las luces

al sol que se marcha hacia el ocaso.

En las manos el libro que estoy leyendo.

Las páginas murmuran en secreto,

los versos de un poeta ilustrado:

quejas de amor y olvido,

manzanas podridas de la dicha.

Pausa. 

Levanto la vista del murmullo.

Recorro la habitación hacia un rayo,

último, terminal y casi sin color,

que ilumina un inédito rincón 

donde una mosca pone la escala.

Me deslizo por el borde superior de un cuadro,

hasta llegar a la ventana desde donde

se asoma la rama de un árbol.

Me balanceo en ella junto a un petirrojo

que no para de piar, anhelando del sol

los rayos, al alba, volver a ver.

La vista vuelvo a los versos

y no recuerdo cómo van los amores

del poeta y vuelvo a empezar.

Tu mirada

Cuando la ola me empuja,
me tira y me revuelve
en su mundo acuoso,
algo interno siento en mi.
como si el agua
entrara en todo mi ser,
o yo me volviera como ella.

Cuando busco en el aire
de la montaña,
el más suave de los soplos
y lo aspiro con éxtasis
sintiendo que entra en todos mis alveolos,
creo que podría volar
y moverme en el azul
como nube blanca.

Cuando veo tu mirada
suavemente posarse en la mía
me emociono tanto,
que siento llegar a los confines del mundo.

Pensamiento

Clavado en el aire un pensamiento,

roza las copas de los árboles, 

en un bucle del aire se hace hoja,

que en otoño cae rozando la corteza

áspera del roble y queda prendida

de un musgo verde que lo ciñe.

En la cárcel feliz de la costumbre,

inicia un vuelo con la brisa,

busca en el suelo su aposento

y en un rayo de sol que la ilumina,

en un bello pájaro se transforma,

rápido y veloz hacia el azul.

Veo la luna sonriente en la tarde salir,

aún en el contorno del monte, el sol

resplandece oscureciendo el día.

El humo de las chimeneas se estanca

sin salida en el valle…

Una suave brisa me coloca sobre el humo

disuelto entre las flores, una hoja.

Oscuro y somnoliento pienso.

Cala Macarella

Amanece el día como una desteñida noche 
Sonidos del aire frío estremecen las rocas,
nacidas lentamente en someros mares,
y el viento se eleva llevando
descoloridos trazos de mar azul
con olor a sal y ensoñaciones
hacia el mar invertido de igual color,
donde, como peces, nadan las aves.

Se adentra el acuoso azul hacia la orilla,
donde desvirtúa su color la arena,
y es solo agua cuando, con la mano,
atrapar intento el color inexistente


Pincel

Al igual que el pincel elige el color
y se impregna en él y al dirigirse al lienzo,
la mano duda que trazó hacer,
con qué intensidad dar color a lo inexistente,
y suave se desliza apareciendo 
sutiles realidades, de entre los humos del enigma,
y parece que no hay vuelta atrás,
de un cuerpo vivo el lienzo se puebla.

Así nos fue dado el pincel 
y ante el blanco lienzo, con destreza,
fuimos pintando y dando color,
con trazos que puedan verse y leerse,
sin importar el estilo, indistintamente,
las rosadas auroras y rojos ocasos,
el cielo siempre azul y verdes los campos

Ortigia

La vista deslumbrada por el azul
de este mar que no muere,
que está latente y en reposo,
se dejó mecer con el leve movimiento,
del agua que golpetea secamente
contra los muros del puerto.
¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!

El mismo color de estos muros
se repite por toda la ciudad
resaltando la luminosidad ocre,
El barroquismo que lo invade todo,
con los rayos de un sol de mediodía.

La catedral en su irregular plaza,
deja ver los orígenes iniciales de la obra.
Con bloques, de igual naturaleza,
rellenaron los huecos entre columnas
dóricas del templo de Atenea,
cerrando el recinto de un nuevo templo.
Los suelos enlosados de la plaza,
dejan ver, desgastados, fósiles
más antiguos aún que la diosa
y que los amores acuosos de Aretusa y Alfeo.




Una brisa

Una leve brisa hace temblar,
del mar, la llanura inmensa 
deslizándose, casi sin tocar,
la superficie de su abismo.
De una gaviota rasante,
le mueve una pluma gris de un ala
sin modificarle el vuelo
Pero el mar, como Sísifo,
vuelve a su inicio, se abomba
y ondula en una ola que,
apaciblemente llega a la orilla.

Sigue la brisa invisible y sin parar
adentrándose por prados y lomas.
Rodea el tronco de un árbol.
levanta del suelo un papel,
acaricia el rubor de la manzana
y esta se deja mover.

Mira en la noche extasiada 
en lo alto los astros brillar,
inmóviles en un punto,
hasta allí quiere llegar.