Si el tiempo es como un viento
que arrastra los recuerdos
como sedas al aire en un mar
en perpetuo movimiento.
Si en el pasado no quedara rastro
de nosotros al caminar descalzo
en la playa, mojándonos los pies
de espuma que muere en la orilla.
O si de niño, al abrir la ventana en la mañana
y recibir con asombro el sol en la cara,
y ser consciente que el día empieza
y antes no era nada.
Si no fuera así
Qué sería de nosotros si en el abismo
de los recuerdos, no pudiéramos
hurgar para alimentar la nostalgia
y ahora que casi acaba el futuro
ver lo que fuimos,
acabándose lo que es.
Paso bajo tu triunfo
reconfortado
sintiéndome ungido
innecesaria ya la mirada que controla
lo que impide caminar,
La arquitectura es el útero conocido.
Ya dentro
toda mi arquitectura descansa.
Es la otra la que sustenta toda la estructura
Y así, se relajan todos los contrafuertes,
columnas, pechinas, arquivoltas y bóveda,
dejando expandirse los elementos,
sin forma,
que su oquedad cobija.
Dejo de ser ella
para sentirme dentro de ella.
Como un elemento más de su composición.
En una relación intima, sin la que ella,
no tendría razón de ser
y me entrego a su amoroso abrazo.
He llegado hasta ti en esta tarde
fría y oscura y sobre la limpia arena
he visto desbocarse tu hermosura,
en una fuerza, de fondo, dicen
que yo veo en superficie.
Dejo mi vista moverse al vaivén
de lo cercano, mientras impertérrito y estático,
el horizonte, delimita lo oscuro.
En la desgastada geología que
emerge como restos de un naufragio,
el inmenso se estrella rompiéndose
en loca espuma alborotada.
Ayer cresta de espuma llegaba,
hoy con ímpetu impulsada,
ensayando olas y espumas.
Mañana, cuando no te vea,
suave y constante llegaras a la orilla
con las gotas agotadas
Una tenue luz crepuscular
iluminaba,
formas humanas de misteriosa perfección,
terrenalmente creadas,
para representar
al heraldo de los dioses,
acompañante de las penantes almas
al profundo Averno,
compañero de las diosas,
disputadoras de belleza
provocadoras de la guerra,
narrada con los más bellos versos.
¡Nunca te hubieras creído!
roca originaria,
que de tu seno, en la jonia Paros,
saliese forma embrionaria,
que luego,
manos hábiles,
trocaran en
impresentables dioses.
Manos praxitélicas,
bajasteis a la tierra a los dioses
y subisteis a las alturas
para comprobar:
el vacio eterno,
la nada inexistente,
la gran mentira…
el Olimpo estaba aquí abajo
La mirada fija en el horizonte,
mar y cielo unidos en la lejanía.
Acecho el ir y venir de las olas,
el imperceptible mudar de las mareas
en el rito de desentrañar el tiempo.
A aquel guijarro ya le llegan las diminutas olas.
¡Tan constantes!
¡Tan previsibles!
¡Tan olorosas!
¡Tan sonoras!
El mar es un misterio azulado.
Mi medida del tiempo dice
que siempre han estado ahí.
Sé que me engaño,
pero es más poético
que la tectónica de placas.
Toda la luminosidad, todo el esplendor, todo el fulgor del sol en la mañana, no entraba a iluminar el rapto de Perséfone hacia el Hades en la oscura cámara mortuoria del túmulo en Vergina. En un mural y en magnífico escorzo, muestra cómo la diosa se resiste a prescindir de la luminosa mañana, encerrada en su tenebroso destino. Su madre desesperada e inquieta, aborrecibles males al mundo vaticina. Tan solo una nota de color púrpura, muestra su manto en cadenciosos pliegues, mientras estira los brazos hacia la luz perdida. Pronto el pacto entre los caprichosos dioses, hará que anualmente renazca de la oscuridad la florida y esplendorosa primavera.
Mirabas el mundo, creyendo abarcarlo,
sentado en una silla de enea pintada de azul.
El mar aplanado y aplastado por un cielo
del color de la silla,
y los guijarros de la orilla
secados por un calmo viento cálido,
formaban un orbe en el que se impedía
turbar lo más mínimo al tiempo.
La luminosa mañana se estrenaba.
El silencio emitía los únicos sonidos
del canto de escasos pájaros,
bajando del azul de rama en rama,
en el único árbol que allí había.
Ahora os convoco,
testigos de mi dicha,
con el solo pretexto de revivir
aquel apacible silencio,
en el límite oriental de la isla.
Ayer día 22 fue el día de la tierra y hoy 23 el día del libro. También el recuerdo de la muerte de Cervantes y Shakespeare respectivamente. por ello me permito compartir el siguiente documento extraído del blog de la Agenda de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina.
Poeta y agricultor, así resiste un anciano refugiado de Palestina a la ocupación israelí
“Con la escritura podemos ser libres en nuestra tierra”, Saeed, refugiado de Palestina
Haneen Harara
Gaza
Saeed en su tierra, bolígrafo en mano, escribiendo un nuevo verso
“Yo no escribo a la tierra, la tierra me escribe a mí.
Soy un poema,
soy un verso.
Una epopeya de la tierra que llevo dentro.
Una leyenda de esta tierra
a la que yo pertenecía“
Así, en verso, responde Saeed cuando se le pregunta por su forma de escribir sobre la tierra palestina. En la semana de los libros y la escritura, que tan necesarios son para aprender, explicar y reivindicar, conocemos a Saeed. Con la kufiya tradicional palestina en la cabeza, un hacha en una mano y, en la otra, papel y bolígrafo, nos habla de poesía, escritura, identidad y tierra, la que labra y a la que pertenece. Estas son las herramientas con las que resiste a la ocupación israelí.
Saeed Mohammed Salem Al-Daour, de 66 años, es refugiado de Palestina de la aldea de Harbya, a 14 kilómetros al noreste de Gaza. Vive en el Beit Lahia y posee una casa y un terreno cerca de la valla de separación, concretamente cerca de Herbie, donde vive con su familia numerosa de 5 hijas, 5 hijos y diez nietos.
“Nací para encontrarme entre la naturaleza. Adoro la tierra y ella me devuelve el amor por el tiempo que le dedico. Crecí aquí, entre olivos y cítricos, de los que ahora estoy a cargo. Son miembros de mi familia, como mis hijos”, afirma Saeed.
Saeed es un humilde agricultor, sin salario, que posee una pluma fuerte y determinante, con la que escribe lo que siente hacia su tierra natal. Plasmar en forma de verso sus sentimientos es la forma más honesta que encuentra de hacerlo. “Le escribo a la tierra porque la adoro. Escribo para sentirme yo mismo, es como respirar. Es mi estilo de vida. Me siento agradecido cuando mis nietos leen mis poemas y tratan de escribir como yo. Es una forma de mostrarle a mis hijos y nietos que con la escritura podemos ser libres en nuestra tierra”.
El poeta y agricultor se siente muy identificado con las raíces de los olivos que se amarran al suelo y siente nostalgia por la tierra de padres y abuelos. El pueblo palestino sigue defendiendo el derecho a la libre determinación y el establecimiento de un Estado en el suelo de la Palestina histórica.
La guerra Árabe-Israelí de 1948, ha dejado en continuo sufrimiento al pueblo palestino durante 74 años. Actualmente, 5,7 millones de refugiados y refugiadas de Palestina se encuentran registrados en la Agencia de Naciones Unidas para la población Refugiada de Palestina (UNRWA)
(Extraído de elDiario.es del 22-04-2022 y a su vez del blog de UNSWA.
UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo.)