Una tenue luz crepuscular iluminaba, formas humanas de misteriosa perfección, terrenalmente creadas, para representar al heraldo de los dioses, acompañante de las penantes almas al profundo Averno, compañero de las diosas, disputadoras de belleza provocadoras de la guerra, narrada con los más bellos versos. ¡Nunca te hubieras creído! roca originaria, que de tu seno, en la jonia Paros, saliese forma embrionaria, que luego, manos hábiles, trocaran en impresentables dioses. Manos praxitélicas, bajasteis a la tierra a los dioses y subisteis a las alturas para comprobar: el vacio eterno, la nada inexistente, la gran mentira… el Olimpo estaba aquí abajo
