He conocido el sonido del arroyo,
saltando brioso entre las piedras,
pero no alcanzo a su secreto.
Oigo el crepitar del fuego en la lumbre
y alabo su calor en el invierno
pero no entiendo la llama ardiendo.
Veo el árbol doblarse por el viento,
lo siento en la cara aunque no lo veo,
pero no sé qué lugar ocupa en el tiempo.
Sentado en una roca, en silencio oigo
el sonido del agua en el torrente.
En el fuego encendido las llamas
se doblan al paso de una ráfaga de viento.
Pero el agua, pero el fuego, pero el viento...
Otoño mueve el viento.
Del viejo castaño se desprenden las hojas.
Una primera, tímida
luego se animan otras tres,
a volar juntas
para lenta y suavemente
acomodarse en torno del anciano.
Seco está el arroyo cercano.
Otras hojas
con afán navegador
se tienden frustradas
sobre los sedientos y redondeados cantos.
Una tela de araña,
anclada de un arbusto
al tronco algo carcomido del castaño,
filtra el viento.
De la misma consistencia que la tela
se ha quedado prendido un vilano,
Un encendido y tímido
sol de ocaso
cede oro
para la puesta en escena.
La hoja caída
se encrespa al dorarse.
La tela de araña
se ilumina como entramado de feria.
La araña, en un lateral satisfecha,
contempla
el maravilloso adorno del vilano,
que iluminado por el dorado sol,
en todas sus copelas
se deja mecer
en una agradable quietud.
Y el espectáculo sigue
aunque yo ya no este.
Se queda solo el paisaje,
abandonado.
Ve alejarse a los que pueden cambiar de rama florida,
de tierra laterítica,
de cielo azul,
de verde raquítico,
de agua escasa y concentrada,
de…
No tiene mejilla para dejar resbalar una lágrima
que intente retener, con la lástima, el abandono.
Espera un giro de cabeza,
una última mirada,
para conseguir colarse en la retina del que se va.
¡Como subirse en marcha a ese viaje que no comprende!
Pero no es posible, en el vagón van
otras ramas,
otras tierras,
otros colores
y el agua inmensa y amenazante…
Cuando la ola me empuja,
me tira y me revuelve
en su mundo acuoso,
algo interno siento en mi.
como si el agua
entrara en todo mi ser,
o yo me volviera como ella.
Cuando busco en el aire
de la montaña,
el más suave de los soplos
y lo aspiro con éxtasis
sintiendo que entra en todos mis alveolos,
creo que podría volar
y moverme en el azul
como nube blanca.
Cuando veo tu mirada
suavemente posarse en la mía
me emociono tanto,
que siento llegar a los confines del mundo.