Agua, fuego y viento

He conocido el sonido del arroyo,
saltando brioso entre las piedras,
pero no alcanzo a su secreto.
Oigo el crepitar del fuego en la lumbre
y alabo su calor en el invierno 
pero no entiendo la llama ardiendo.
Veo el árbol doblarse por el viento,
lo siento en la cara aunque no lo veo,
pero no sé qué lugar ocupa en el tiempo.
Sentado en una roca, en silencio oigo
el sonido del agua en el torrente.
En el fuego encendido las llamas
se doblan al paso de una ráfaga de viento.

Pero el agua, pero el fuego, pero el viento...

En lo profundo de la espesura

En lo profundo de la espesura

en íntima pulcritud de sombras,

ponderado todo equilibrio,

certeza y vocación de espacio,

abunda allí conciliación de formas.

En una rama de haya, de una hoja extrema,

pende una gota irisada, sin conturbar,

solo doblega levemente su estar,

ensimismada en el espacio que ocupa,

dobla, imperceptiblemente, el ápice.

Madejas de lluvia caída en el azabache 

la dejan rezagada de otras impacientes

y ahora, en la gracia de la gravedad,

elige, al fondo, en la madura umbría,

un brillante pétalo de crocus,

dejándose caer levemente en él,

la hoja lentamente se equilibra

En desmesura alarga

En desmesura alarga

el sol la forma de los árboles.

Las huellas en la arena 

permanecen intocables.

Cobra fuerza la tierra y se reseca

disipando el ímpetu de olas,

la bajamar impide su llegada.

Liberando el eterno tantálico tormento

de ensombrecer todo lo vivido.

Del abismo del sonido llega un eco,

cercado por ondas sucesivas,

sin bajamar llega a mis oídos,

pasado, que sale a mi encuentro.

Otoño mueve el viento

Otoño mueve el viento.
Del viejo castaño se desprenden las hojas.
Una primera, tímida
luego se animan otras tres,
a volar juntas
para lenta y suavemente
acomodarse en torno del anciano.

Seco está el arroyo cercano.
Otras hojas
con afán navegador
se tienden frustradas
sobre los sedientos y redondeados cantos.

Una tela de araña,
anclada de un arbusto
al tronco algo carcomido del castaño,
filtra el viento.

De la misma consistencia que la tela
se ha quedado prendido un vilano,

Un encendido y tímido
sol de ocaso
cede oro
para la puesta en escena.
La hoja caída
se encrespa al dorarse.
La tela de araña
se ilumina como entramado de feria.
La araña, en un lateral satisfecha,
contempla
el maravilloso adorno del vilano,
que iluminado por el dorado sol,
en todas sus copelas
se deja mecer
en una agradable quietud.

Y el espectáculo sigue
aunque yo ya no este.

Soledad del paisaje                                                                              

Se queda solo el paisaje, 
abandonado. 
Ve alejarse a los que pueden cambiar de rama florida, 
de tierra laterítica,
de cielo azul, 
de verde raquítico, 
de agua escasa y concentrada, 
de…

No tiene mejilla para dejar resbalar una lágrima 
que intente retener, con la lástima, el abandono.
Espera un giro de cabeza,
una última mirada, 
para conseguir colarse en la retina del que se va. 

¡Como subirse en marcha a ese viaje que no comprende!

Pero no es posible, en el vagón van 
otras ramas, 
otras tierras, 
otros colores 
y el agua inmensa y amenazante…

Esculpida en el aire tenso

Esculpida en el aire tenso,

al encuentro del alba sonrosada,

una hoja de otoño alabeada,

retuerce sus bordes ya resecos

y se dora, ardida de luz, en la mañana.

Resignada a irse al tetragrama

de tierra, agua, fuego y aire

que el canto del paisaje reclama,

formas efímeras despoja,

de su tersa frescura y lo posterga,

desposeída ya en su abandono,

a lucir la luz postrera que la acosa. 

Sol

Gozo al despertar en la iluminada mañana

La oscura montaña cubre aun el sol

para, en breve y desde la cumbre,

volcar su cargamento de rayos, que

rodarán ladera abajo hasta el río

provocando allí un estallido de luces

replicando miles de soles diminutos.

Resalta de luz la pradera,

Se destacan las hayas y los robles,

 las vacas echan humo por sus lomos

Y el primer humo de las chimeneas,

alborotado, sube contento de ser notado…

Rápidas y agitadas descienden

Rápidas y agitadas descienden

las aguas henchidas de luz,

que a través de los alisos

ilumina el sol de la mañana.

Se van transformando las sombras

en la soledad acuosa y sonora.

Cada rincón recibe luz en movimiento,

¿son minutos o solo segundos?,

de un abismo de furia luminosa.

Alguna hoja, 

agitada por una levísima brisa,

plena de vida, reparte

rayos que sobresaltan a las sombras.

El agua, vestida de sedas, insinúa

en transparencias sus puntillas blancas,

mientras ondulante y constante pasa.

Desde lejos, el sol en su cenit

Ilumina los contornos de los árboles.

Los sonidos crean un silencio inmóvil.

Todo se mueve lentamente y sin sonido,

cegado por el sol, 

al salir de la vida hermosa de las cosas.

Versos

Sentado a solas en la habitación,

la tarde va entregando las luces

al sol que se marcha hacia el ocaso.

En las manos el libro que estoy leyendo.

Las páginas murmuran en secreto,

los versos de un poeta ilustrado:

quejas de amor y olvido,

manzanas podridas de la dicha.

Pausa. 

Levanto la vista del murmullo.

Recorro la habitación hacia un rayo,

último, terminal y casi sin color,

que ilumina un inédito rincón 

donde una mosca pone la escala.

Me deslizo por el borde superior de un cuadro,

hasta llegar a la ventana desde donde

se asoma la rama de un árbol.

Me balanceo en ella junto a un petirrojo

que no para de piar, anhelando del sol

los rayos, al alba, volver a ver.

La vista vuelvo a los versos

y no recuerdo cómo van los amores

del poeta y vuelvo a empezar.

Tu mirada

Cuando la ola me empuja,
me tira y me revuelve
en su mundo acuoso,
algo interno siento en mi.
como si el agua
entrara en todo mi ser,
o yo me volviera como ella.

Cuando busco en el aire
de la montaña,
el más suave de los soplos
y lo aspiro con éxtasis
sintiendo que entra en todos mis alveolos,
creo que podría volar
y moverme en el azul
como nube blanca.

Cuando veo tu mirada
suavemente posarse en la mía
me emociono tanto,
que siento llegar a los confines del mundo.