La tarde no había acabado pero,
empezaba su declive hacia
la impermanencia de las cosas, cuando
la luz juega a esconder los límites,
llenando el abismo de formas.
La luna, tranquila con su disco,
luz de plata de resplandor puro,
de lo oscuro y en penumbra,
atrapa nuevamente ciertas formas
dando continuidad al abismo.
Como rescate imposible de la muerte,
así la Aurora y el Sol refulgentes,
salvan con hermosa melodía,
primero las cimas altas, para luego,
desterrar totalmente,
las sombras imperiosas de la noche.
Es preciso ver
entre las ramas de los árboles
aquel árbol recién nacido
erguirse entre el bosque
buscando su sitio
Mirar entre las nubes
el azul inmenso
ahora constreñido
entre oscuros algodones.
Ver entre las aguas
trasparentes y límpidas,
oscilar las algas
al movimiento de la olas,
y al coloreado pececillo
mecerse entre ellas.
Apreciar
la diversidad de granos de arena
que hay en la playa,
su naturaleza y origen
y reírte,
al pensar en contarlos.
Seguir la enorme ola
que parece llegara a tus pies
con toda la energía con que rompe,
para ya sin fuerza
sólo mojar los dedos.
Buscar
en la noche estrellada
la osa polar
y luego ir uniendo otras estrellas
formando constelaciones sin nombre
en un juego infinito.
En esta inmensa soledad
del universo,
solo aferrándonos
a pequeñas cosas
llegaremos a entender
el porqué de este infinito.
A Santiago Lanchares
Hilanderas nocturnas
que tejéis los humanos destinos,
sin necesidad de luz,
dejándonos sin ella a vuestro antojo.
Láquesis hilando sin descanso
mientras Cloto enrollaba el hilo.
¡Que grato y suave me parecía vuestro hacer!
Tardé en darme cuenta
del brillo de las tijeras de Átropos
en este prematuro atardecer,
en que un tenue sol ,
me trae vuestra apoltronada imagen pétrea,
mutilada, donde el frío de vuestros mantos refleja,
que también a vosotras os llegó un día el final,
desposeídas del sublime lugar que ocupabais
en la arquitectura de vuestra existencia.
Las Moiras del frontón Este del Partenón de la Acrópolis en poder el Museo Británico en Londres.
Siento la noche inmensa gravitar
en el profundo de los recuerdos.
Entre ramas oscuras movidas por los sueños
aparecen inermes los momentos.
Desde el alba, en los orígenes,
casi imperceptibles en la lejanía,
hasta el último acaecido que
se apresura a buscar su sitio
cercana y aún reconocible.
¡Frondoso bosque mío!
Todo lo vivido,
entre claridades y sombras,
camino intransitable ya.
La luz en tus oquedades,
hasta donde el recuerdo deja,
adentrándose en valles.
en cuyas laderas se mueven las sombras,
hasta que aparece el río, la pradera
y los verdes alisos limitando la ribera.
El sol, cada mañana,
envidioso de la aurora rosada,
revuelve sus cabellos, cuando esta,
dulcemente los peina
en la luminosa alborada.
Pájaro dorado por el cielo,
encendiendo mil luminarias,
aún pelos rosados flotan en el aire,
que luego transforma en rojos
de un ocaso sangriento.
Como gota de sangre sobre el trigal
sola en medio del ardiente amarillo,
elegiste retardar tu estancia.
Ya pasaron los verdes trigales
inundados de rojos.
Tu decidiste agosto y sola,
con todo el amarillo mar para ti.
Contemplo tu balanceo,
frágil, suave, delicado.
La puntual aurora
añade un ligero color morado
al rojo de tus pétalos.
El rojo intenso del mediodía,
lo engrandece el sol.
En el ocaso, pierde intensidad
y tiemblan, con temor, los pétalos.
La escasa brisa del atardecer,
desprende uno ya ajado...