Viejo océano

El obstinado y viejo océano,

empuja onduladas y largas olas,

que impetuosas chocan contra las rocas,

removiendo espumas de corta vida,

que apresuradas van hacia la orilla,

destino final, sin entonar canción,

que como Arión, seduzca a los delfines

y detenga el final como destino.

¡ Vive !

Amanece un nuevo día.

¿De verdad es nuevo?

Un día es igual a otro,

No hay diferencia entre ellos

aunque se les haya dado nombres

para contentar a los dioses.

El placer o el dolor

los hacen diferentes.

Tú debes erigirte en dios

haciendo cada día a tu antojo,

degustando lo bueno con placer

trasformando lo malo en deleite.

Desabrocha los sentidos,

abre las cancelas,

quítate gorros, tiaras y correajes.

Entrégate a la bacanal de la vida,

el castigo es no llegar al fondo del placer.

Deja libre  los sentidos,

la culpa se inventó para no sentir.

La inventaron los rijosos dioses,

el dios rígido de la barba,

o el vegetariano de la pasividad,

y todos fabricados por nuestra inseguridad.

Lluvia

Cuando llueve,
me paro a escuchar el sonido 
de la lluvia sobre los cristales.
Su tintineo,
me despierta
y me hace mirar
la distorsionada realidad.

Luego me dejo arrastrar,
con las gotas, por la fina superficie.
donde marcados caminos,
de otras anteriores,
facilitan el paso.
Las de ahora,
indecisas,
bifurcándose,
en un lloro permanente,   
buscan como llegar
por el camino más directo.

Disfruto 
de esta bajada acuosa
de las gotas en el cristal
esperando
que la vivificante lluvia
me clarifique
cómo llegar allá...

Anacreonte

Sentimiento acre de la vida que 

al final plenamente cansa, 

colma  y destruye.

De la vejez y la muerte, decía Anacreonte,

la primera da queja,

de la que no se vuelve, miedo.

Los dedos de las manos, en la vejez,

se ahuesan, como en las de Cloto,

enrollando el final del hilo.

En su día también lucían hermosas,

con frescura de la edad perdida.

Enrollando la inagotable originaria hebra,

en vital hilo trasformada, llegará 

también Átropos a cortarlo,

dando fin a las que el fin daban.

Abedules

El verde plateado de los abedules

tiembla con la ligera brisa de la tarde,

en un conjunto de naciente primavera

bien anunciado por los cerezos.

¡Cómo han crecido los abedules!

Cercano queda el día,

en que, arrancados de

su ubicación sin futuro,

los planté cerca de mi vista.

Ahora, contemplo asombrado

su porte, frondosidad,

blanquecina y rosada  piel.

Debajo, un pequeño sotobosque,

donde las hojas otoñales,

perduran aún en medio de

la explosión primaveral que lo domina,

recuerda, a las que en lo alto vibran,

que pronto ellas

contemplarán también

la primavera desde abajo.

Si el tiempo es como el viento

Si el tiempo es como un viento
que arrastra los recuerdos 
como sedas al aire en un mar
en perpetuo movimiento.
Si en el pasado no quedara rastro
de nosotros al caminar descalzo
en la playa, mojándonos los pies
de espuma que muere en la orilla.
O si de niño, al abrir la ventana en la mañana
y recibir con asombro el sol en la cara,
y ser consciente que el día empieza
y antes no era nada.
Si no fuera así

Qué sería de nosotros si en el abismo
de los recuerdos, no pudiéramos
hurgar para alimentar la nostalgia
y ahora que casi acaba el futuro
ver lo que fuimos,
acabándose lo que es.

Umbral

Paso bajo tu triunfo
reconfortado 
sintiéndome ungido 
innecesaria ya la mirada que controla
lo que  impide caminar, 
La arquitectura es el útero conocido.

Ya dentro
toda mi arquitectura descansa.
Es la otra la que sustenta toda la estructura
Y así, se relajan todos los contrafuertes, 
columnas, pechinas, arquivoltas y bóveda, 
dejando expandirse los elementos, 
sin forma, 
que  su oquedad cobija.

Dejo de ser ella 
para sentirme dentro de ella.
Como un elemento más de su composición.
En una relación intima, sin la que ella,
no tendría razón de ser
y me entrego a su amoroso abrazo.

Mar de fondo

He llegado hasta ti en esta tarde
fría y oscura y sobre la limpia arena
he visto desbocarse tu hermosura,
en una fuerza, de fondo, dicen
que yo veo en superficie.
Dejo mi vista moverse al vaivén 
de lo cercano, mientras impertérrito y estático,
el horizonte, delimita lo oscuro.
En la desgastada geología que
emerge como restos de un naufragio,
el inmenso se estrella rompiéndose
en loca espuma alborotada.

Ayer cresta de espuma llegaba,
hoy con ímpetu impulsada,
ensayando olas y espumas.
Mañana, cuando no te vea,
suave y constante llegaras a la orilla
con las gotas agotadas

Hermes

Una tenue luz crepuscular
iluminaba,
formas humanas  de misteriosa perfección,
terrenalmente creadas,
para representar 
al heraldo de los dioses,
acompañante de las penantes almas
al profundo Averno,
compañero de las diosas,
disputadoras de belleza 
provocadoras de la guerra,
narrada con los más bellos versos.  

¡Nunca te hubieras creído!
roca originaria, 
que de tu seno, en la jonia Paros,
saliese forma embrionaria,
que luego,
manos hábiles,
trocaran en  
impresentables dioses.

Manos praxitélicas,
bajasteis a la tierra a los dioses
y  subisteis a las alturas
para comprobar:
el vacio eterno,
la nada inexistente, 
la gran mentira…
el Olimpo estaba aquí abajo

Oscuridad azul

Oscuridad azul caída de la noche,

con la mitad de la luna mido mis pasos,

por arenas, plateadas, perdido su color.

Más abajo la orilla del mar y su marea,

que han escrito el paisaje.

Pasos que se hunden en la arena,

dejando escrito un lenguaje,

¡a saber que dice! y que el agua,

inconsciente o a lo mejor no tanto,

borra sin remedio desdibujando.

Un guijarro gris, es lavado,

insistentemente sin decir nada,

le agrada la caricia de la arena 

en el vaivén del oleaje.