Agitando los rincones solitarios donde habitan telarañas y polillas, nutridos de sueños de polvos grises, por el postigo hendido del ventanuco, se filtra un sol furtivo y mañanero.
Quiere el sol mitigar la agonía, iluminando haces de recuerdos. Se fueron todos directos al olvido. Ausentes de aquellos que ocuparon llenando de vida todo el pueblo.
Efímera luz en los rincones. En flor los abandonados frutales. Con benevolencia tibia los contemplo. Afuera es espléndido el mediodía. Dentro hace tiempo llegó el ocaso