Elegía

A Josemi

Por la ventana abierta

muestra el destino su silencio.

Agazapado en el tiempo, 

y entre nubarrones desdibujado

de pronto, sin palabras ni voces,

expresa que no habrá mañana.

La luz es un pretexto en la sombra.

Cielo y tierra en obsidiana unidas.

Línea fina ardiente separando,

lo que tus ojos y tu cámara veían.

Te has llevado la línea iluminada.

Cielo y tierra se juntan en la sombra,

más allá se estremecen los abismos,

y aquí seguimos aguardando.

Inútil ya todo parece. Las lágrimas 

distorsionan la realidad del paisaje.

¡Hermosos días compartidos juntos!

Dinos : ¿qué hay al otro lado del ocaso?

Ciudad


La ciudad contemplada desde el monte,
no enseña la intención secreta que guarda
confusión sin rumbo de sus calles,
ambición de prosperar lejos del hambre.

Deseo de un mundo sin límite en algunos.
De otros alejarse de tierras y cosechas,
un aire empujó al aire los deseos,
como realidad de leyenda fabulosa.

Hijo feliz del viento y de la tierra.
¿Dónde recuerdas tu otra primavera
en que las tiernas hojas, juguetes eran,
de las recién llegadas golondrinas?

Vuelve hoy a aquellas sombras,
en busca de lejanas primaveras,
a revivir tu vida de antaño,
por un momento si pudieras
ViviLnk

Pueblo IV


A Ángeles G. Weruaga

Agitando los rincones solitarios
donde habitan telarañas y polillas,
nutridos de sueños de polvos grises,
por el postigo hendido del ventanuco,
se filtra un sol furtivo y mañanero.

Quiere el sol mitigar la agonía,
iluminando haces de recuerdos.
Se fueron todos directos al olvido.
Ausentes de aquellos que ocuparon
llenando de vida todo el pueblo.

Efímera luz en los rincones.
En flor los abandonados frutales.
Con benevolencia tibia los contemplo.
Afuera es espléndido el mediodía.
Dentro hace tiempo llegó el ocaso

Pueblo III

Duermen sosegados los muros.
Caen sombras desde el cielo nublado,
polvo gris cubre los resquicios de las piedras.
El silencio con largos ecos de sonidos huecos.

No hay rasgos de vida en las paredes, donde
sentados reposaban la espalda los viejos,
en los días de solana y a la espera
de ver cómo amarillea la luz de la tarde

La piedra nada más, bien labrada en los dinteles,
sin exigir forma y talla en las paredes.
fachadas grises y alguna ventana
para ver cuándo el sol despierta.

Pocas hojas que el viento revuelve.
Ni un pájaro. La piedra nada más. La tierra.
Todo envuelto en un sueño de silencio,
Sin dolor, con olvido, sin ruido, como muerto.