Quiero que quede en mí el día que se muere. Miro atentamente los últimos rayos cárdenos, creyendo, que así, retengo su fuga en el horizonte, la luz se vuelve negra y se va borrando el mar.
Siempre posponiendo para otro día, lo que fue imposible alcanzar en el que acaba, acumulando en cenizas los días pasados, intentando amar aún lo que no se ha comprendido.
Los penúltimos rayos iluminan todavía sin costumbre del retorno de los días, estos se acortan ya sin descanso y la noche, demasiada, todo lo va ocupando.