El día descorre con ganas de la aurora sus rosadas cortinas, derramándose por todos los rincones, imparables chorros dorados.
El gallo, precursor de tal prodigio, camina altanero a su cobijo: "Están avisados, luego no digan". Y mira de soslayo a las gallinas.
El gallo de la aurora dice “Vayan saliendo, salgan, que nadie adentro quede”. La alondra con sus cabriolas anuncia también el día, y por los montes suena ya una gran algarabía.
El azul en lo alto crece. Por los montes un trozo de luna, intercambio de plata y oro, se despide con una nube, a modo de pañuelo. Está comenzando el día