La noche y la rosa

Mirando en la noche tiznada
la hermosura y enigma de los astros,
descubro su secreto fulgor
en la negra concavidad
desde donde irradian
delicada luz para que la rosa
en la noche no decaiga.

El cuerpo hecho de memoria,
guarda recuerdo de los días sucesivos
en la serie imparable de los años
que retiene el sueño efímero de la vida.
Mientras, las estrellas fugaces raudas,
llevan los recuerdos al olvido.

Adentrada ya la noche,
en su ausencia reposada,
restos de memoria yacen
ensombrecidos por las horas.

Las enigmáticas sombras
arremolinadas parten juntas
a cambiar sus tétricas túnicas,
por rosadas gasas del Alba.

La luz enciende por doquier la vida.
Y es el día un pétalo fulgurante,
que la rosa diariamente entrega,
en un convenio insaciable.

¡Ya apenas quedan en la rosa!

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