Mirando en la noche tiznada la hermosura y enigma de los astros, descubro su secreto fulgor en la negra concavidad desde donde irradian delicada luz para que la rosa en la noche no decaiga.
El cuerpo hecho de memoria, guarda recuerdo de los días sucesivos en la serie imparable de los años que retiene el sueño efímero de la vida. Mientras, las estrellas fugaces raudas, llevan los recuerdos al olvido.
Adentrada ya la noche, en su ausencia reposada, restos de memoria yacen ensombrecidos por las horas.
Las enigmáticas sombras arremolinadas parten juntas a cambiar sus tétricas túnicas, por rosadas gasas del Alba.
La luz enciende por doquier la vida. Y es el día un pétalo fulgurante, que la rosa diariamente entrega, en un convenio insaciable.