La falsa luz

En la penumbra polvorienta de la tarde,

cuando el ocaso recoge los últimos rayos

y aún no asoman las luminarias estelares,

que pueblan libres el vasto y oscuro abismo,

inalterables se transforman las cosas,

en extraños claroscuros del mundo conocido.

Extraña se yergue la torre de la iglesia.

que encaja en la que se tiene imaginada.

La gente deambulando, poca, como sombras.

En el cielo una nube aún algo iluminada.

Enfrente, la esquina de una casa,

con su ventana en la fachada, 

el sol ya no da brillos en los cristales,

y las paredes grises parecen recién pintadas.

Ante la apagada visión, ¿único espectador?

largo tiempo estuve, hasta que adentro,

la oscuridad también llenó la estancia toda.

La artificial Alba recobró el falso día.

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