La falsa luz

En la penumbra polvorienta de la tarde,

cuando el ocaso recoge los últimos rayos

y aún no asoman las luminarias estelares,

que pueblan libres el vasto y oscuro abismo,

inalterables se transforman las cosas,

en extraños claroscuros del mundo conocido.

Extraña se yergue la torre de la iglesia.

que encaja en la que se tiene imaginada.

La gente deambulando, poca, como sombras.

En el cielo una nube aún algo iluminada.

Enfrente, la esquina de una casa,

con su ventana en la fachada, 

el sol ya no da brillos en los cristales,

y las paredes grises parecen recién pintadas.

Ante la apagada visión, ¿único espectador?

largo tiempo estuve, hasta que adentro,

la oscuridad también llenó la estancia toda.

La artificial Alba recobró el falso día.

En la espesura del bosque

En la espesura del bosque,

donde la luz penetra a modo de esquirlas

desprendidas de un sol que no se aprecia,

donde las hojas perfumadas y húmedas,

juntan gotas que deslizándose caen 

a la ansiosa tierra, cuando llueve.

Las ramas cautelosas, en acompasado vaivén,

acarician la oscuridad en el silencio.

Del silencio inicial van surgiendo sonidos.

La desbandada de aves al sobresalto,

el crujido de hojas al paso de algún animal,

el trino del agua de invisibles manantiales,

el zumbido de un moscardón en el helecho.

el corazón fuertemente latiendo…

Todo lo que existe expresándose.

Todos los sonidos del silencio

de un organismo del que formo parte.