Tarde gris y con magnolias, como barcos de papel sus flores, echados a navegar en verde mar, sobresalen en la monotonía de la tarde.
Ahora llega el murmullo de la fuente, con sus perladas gotas, llenando hasta el borde, un ánfora de barro. Con entusiasmo se desparrama el agua por el suelo en pequeña inundación. Mar rompiendo sus límites. La hormiga, asustada, corre y evita ser arrollada por el tsunami.
Se abre la caja de pinturas y pinceles. Como cada día el cielo, sin palabras, va ensayando, los colores, entre sombras, que ha de darle al ocaso.