Tarde gris y con magnolias

Tarde gris y con magnolias,
como barcos de papel sus flores,
echados a navegar en verde mar,
sobresalen en la monotonía de la tarde.

Ahora llega el murmullo de la fuente,
con sus perladas gotas, llenando
hasta el borde, un ánfora de barro.
Con entusiasmo se desparrama el agua
por el suelo en pequeña inundación.
Mar rompiendo sus límites.
La hormiga, asustada, corre y evita
ser arrollada por el tsunami.

Se abre la caja de pinturas y pinceles.
Como cada día el cielo, sin palabras,
va ensayando, los colores, entre sombras,
que ha de darle al ocaso.

Adormecido el viento

Adormecido el viento,  compacto y azul,
se fue cimbrando las copas de los árboles
llevando en vuelo algunas aves,
hojas desprendidas de los mástiles verdes
que arañan el cielo, por donde entrarán,
con suavidad, los rojos hilos del crepúsculo,
barridos postreros por el peso de la noche.

Caleidoscopio

Bosteza el agua en el remanso del río.
Tornasola en ondulaciones la luz del sol
filtradas por las ramas de un aliso.
Mordedura lenta del fuego entre las hojas.
Caleidoscopio de estío en la ribera.

El río y el árbol inician sus relatos.
Agua y madera juegan en sus límites.
Separada el agua, del torrente, en remanso
en un baile de giros ondulados y lentos,
del árbol, ensimismado en el espejo,
cae, con la brisa, una hoja.
Establecen en el baile, su eficaz lenguaje,
de doradas palabras que las ramas filtran.