Crates de Eleusis, varias veces al mes hace el mismo recorrido, desde donde vive, en los arrabales de Eleusis, hasta la gran ciudad. Atenas fluye de actividad en todos los órdenes. Al entrar a la ciudad por donde sopla el Bóreas, llama siempre su atención el llamado jardín de Epicuro. No entiende muy bien en qué consiste. Ve gentes deambular por el jardín, pero en una actitud diferente a su labriega condición.
Un día pudo hablar con alguno de los horticultores de dicho jardín y al hablarles de los frutos que cosechaban, le citaron la ataraxia, la aponía, la autarquía. De vuelta hacia su casa recordaba aquellas palabras atónito. Reconocía que se amargaba cuando no había cosecha, Que al fin del día trabajando en su jardín, le dolía la espalda, y que no era fácil alcanzar la autosuficiencia con el huerto. Un sol inmenso caía encendiendo el horizonte.