En este otoño luminoso y cálido donde la luz disfrazada de estío ilumina el estremecimiento de las hojas, ya sin verde, acariciando el aire en un vuelo repetido y esperado, cayendo en un abismo de silencio y ámbar encendiendo el suelo tapizado. Conserva mi memoria el eco de las hojas al caer provocando un chorro de nostalgia, resbalando por mi cuerpo hasta los pies. La memoria retiene, caídas ¡tantas hojas! ¡en tantos otoños! de igual forma, en los márgenes del camino acumuladas, esperando un viento que las lleve, mientras mis pasos cansados, hacen crujir, las secas hojas quejándose dulce y blandamente, sin lagrimas, por la ausencia doloridas, del que queda desnudo nuevamente.
