Al igual que el pincel elige el color y se impregna en él y al dirigirse al lienzo, la mano duda que trazó hacer, con qué intensidad dar color a lo inexistente, y suave se desliza apareciendo sutiles realidades, de entre los humos del enigma, y parece que no hay vuelta atrás, de un cuerpo vivo el lienzo se puebla. Así nos fue dado el pincel y ante el blanco lienzo, con destreza, fuimos pintando y dando color, con trazos que puedan verse y leerse, sin importar el estilo, indistintamente, las rosadas auroras y rojos ocasos, el cielo siempre azul y verdes los campos
