¡Qué sería si no existieran las palabras!.
Si el árbol no tuviera nombre,
ni la flor el suyo cuando queremos,
en su explosión primaveral,
describir su color y su aroma.
Si no pudiera nombrar
el recuerdo del calor de la arena,
cuando tumbado,
contemplo al atardecer la mar.
Las olas, sin su nombre, seguirían
en su ir y venir constante para
hacerse más pequeñas, al fin
de acariciar suavemente la orilla.
Se quedan solas cuando no las nombramos,
en un silencio, soledad sin nombre.
Hoy he visto una palabra, sola, sin rumbo,
libando, como mariposa, el néctar anónimo,
de una realidad desconocida.

Discrepamos de Julieta, pues las cosas, sin su nombre, existirían, pero estarían muy solas y algunos nombres van sin rumbo, buscando realidades futuras a las que unirse, pues de la fusión de nombres y realidades nace la miel de las palabras.
Nos necesitan y nosotros a ellas y no podemos ni imaginar que no existiesen.
¡qué sencilla y liricamente nos lo recuerdas hoy! Muchas gracias.
¡qué bien nos lo recuerda tu poema
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