Gaza

Llueven lágrimas
sobre un terreno polvoriento
donde los cuerpos son átomos
que espesa el aire en una luz
que no ilumina nada.

Todo queda inmóvil, diezmado.
En calma desmedida.
Solo flamear de voces muertas
en un despertar sin ocaso ni aurora.
Por estandarte un sol que se olvidó de brillar

Tristes pasatiempos de un mundo
atrapado en sucesos desmedidos
superando el infierno imaginado
donde las palabras y los cuerpos se atomizan.
Nula parece la esperanza.

Foto bajada de internet

Ábrego

Se desliza raudo ladera abajo
un Abrego tempestuoso y cálido.
Corre la neblina que,
pacientemente instalada en el valle,
escribía con transparente tinta
leyendas para ser contadas
en inamovibles tardes.
Un revuelo de hojas altera la quietud.
Los árboles se doblan cimbreantes,
los animales levantan la testuz,
buscando la nube que anuncie
la ansiada agua en el secano.
Navegan las nubes
empujadas por la surada,
llenarán canales y acequias,
y pintarán de verdes los campos.

A veces el tiempo

A veces el tiempo
parece detenerse
pararse en su alocada
voracidad de vida
consumida
sin apenas degustarla.
Nada ocurre
Parece
que solo los aromas se mueven
y las gotas de lluvia
en los invernales árboles,
como incipientes hojas
a punto de salir,
se tambalean sin brisa,
atesorando un brillante
en su interior...
Quietud,
eternidad de un instante,
sin detenerse sigue,
empuja una acuosa hoja
otras acompañan la caída
en la clepsidra del universo
no hay vejez en el tiempo
se sucede nuevamente
en un movimiento inexorable...
Sin saber cuánto
durará

A tiempo

A tiempo fijo florecen los arboles 
y también a su tiempo se desprenden
los adornos de sus ramas
A tiempo el río risueño, bullicioso y saltarín,
goza de su desbordante caudal
y también él sabe que hay otro tiempo
donde pasará sed de identidad.
A tiempo fijo los animales ejecutan
ansiadas ceremonias sucesorias,
tiempo luego de letargo y espera.
A tiempo la luna va cambiando mes a mes
siguiendo el ritmo conocido y constante
como átomo aislado en el profundo infinito.
Hay un tiempo de inicio
un tiempo de gozo y vida, sin retorno,
que llega al tiempo final, enigmático, desconocido.
Cada tiempo a su tiempo, ahora,
es aún momento de seguir volando
en este tiempo vital.

Triplice

En la orilla del río, un aliso,                                 Con las primeras luces del alba,
sostiene mi cansada espalda. Una explosión de colores estalla,
contemplo el sonido, que, Invadiendo de partículas olorosas.
dulcemente penetra en mi. Todos mis sentidos embriagados,
El río aún en sus sueños, apresurados por llegar,
de mares donde recalar, donde onduladas olas etéreas
esperan diluirse en esa inmensidad. ávidas de nuevo caudal.
Instalado ya el astro rey Dando vida a cada rincón
se abren las flores a tanta luz. Brilla la revoltosa espuma de las olas,
La vida se despereza y sonríe. El mar juega a anegar la tierra,
y la tierra se acicala vistiéndose. pero le moja los bajos del vestido,
sus mejores galas.




En la orilla del río, un aliso, con las primeras luces del alba
sostiene mi cansada espalda. Una explosión de colores estalla,
contemplo el sonido, que, invadiendo de partículas olorosas
dulcemente se adentra en mi. Todos mis sentidos embriagados.
El río aún en sus sueños apresurados por llegar,
de mares donde recalar, donde onduladas olas etéreas
esperan diluirse en esa inmensidad, ávidas de un nuevo caudal.
Instalado ya el astro rey dando vida a cada rincón
se abren las flores a tanta luz. Brilla la revoltosa espuma de las olas.
la vida se despereza y sonríe, el mar juega a anegar la tierra
y la tierra se acicala vistiéndose, pero le moja los bajos del vestido,
sus mejores galas.

Vuelo

En el aire de la tarde, 
adentrándome en caminos inexistentes,
flotando en el misterio de la nada
como un Icaro sin alas.

Abajo
lo conocido,
se hace minúsculo,
dominable,
poca cosa.
Arriba
todo sigue igual:
lejano,
inmenso,
sin trabas,
abierto a todas las posibilidades.

Por ahí está la salida.

No es cierto
que no podamos volar alto,
"si vuelas alto se derretirá la cera de las alas".
No las necesitamos,
podemos volar sin ellas,
podemos volar sin dioses,
podemos volar juntos.
Hay estrellas para todos.

Vientos

El fuerte y húmedo soplo del Céfiro 
me arrastra, cabalgando,
en las olas del estruendoso mar
suavizada por blanda espuma.
Hacia qué lugar me llevara esta barca,
de toscas tablas y alocada vela,
que muchas veces no se ni manejar.
Qué puerto veré en lontananza,
que me permita arribar, y descansar
estos huesos ateridos y cansados de navegar.
Vagando por la tierra inmensa,
seguro estoy que me esperan
aun grandes aventuras, nuevas
navegaciones sin barca,
por boscosos valles y altas cumbres,
sin miedo bajo una ola a zozobrar,
donde los caminos son más definidos
y sopla el cálido y acariciante Noto.

Tu

Al igual que mirando ensimismado,
como el sol va mostrando cada parte
de los objetos iluminados,
adentrándose
hasta los mas recónditos rincones,
de igual manera contemplo:
tu deslumbrante armonía,
tu sonrisa siempre en los labios,
tu desbordante cariño presto a envolverme,
tu llegar cuando aún no hemos llegado.
tu...

Recuerdo el sol cegador
bañando tu cuerpo en idílicas playas,
donde, amor, ese chiquillo alado y alocado,
se entretenía lanzando flechas con su arco,
mientras nosotros aprovechábamos,
los divinos rayos, las cálidas aguas
y la blanda y fina arena, que,
en nuestros juegos, nos vestía
con un manto rugoso, perfumado
con el oloroso manantial de los placeres.
Recuerdos que no están
en el lugar donde habita el olvido,
están cada día presentes,
aumentando nuevas ilusiones
y aunque el sol deje de brillar,
y el inmenso mar se seque
el alado arquero vendrá a visitarnos

La aurora resplandeciente

                                               A Ángeles

La aurora resplandeciente
cubría con sus rosas gasas,
por unos instantes, la superficie del mar
mecida por una brisa inapreciable
que no perturba,
tan solo
pequeñas ondulaciones
rosadas ahora en sus crestas.
Con un ritmo órfico
como de remeros del Argos,
el mar,
repite incansable sus ansias
de invadir tierra firme.
Me despierto de un sueño dulce
bajo un frondoso plátano,
cuando Eos,
recogiendo su rosado tul
alcanza la altura del cielo
descendiendo el Céfiro
hasta el horizonte en el mar.

Teatro

Con gesto reincidente y diario,
te levantas a interpretar,
el mismo personaje de este teatro
sin bambalinas donde refugiarse,
sin texto definido, sólo algunas orientaciones.
Recorres con la vista el escenario
y este, sin más, te engulle. No hay opción.
Todo en su sitio para que empiece la función.
Luces y arriba el telón, eres quien sale a escena.
Piensas en crear un nuevo personaje,
darle un giro a tanta interpretación manida,
pero la costumbre impera y empieza la representación,
exactamente igual que siempre, lo conocido,
sintiendo lo que va a suceder,
Tiempo no lo borra todo en su huida,
no se sabe dónde,
lo guarda en la memoria.
Ya metido en el personaje y la función empezada
no es momento de cambios,
mañana habrá otra puesta en escena, y tal vez...