Llueven lágrimas sobre un terreno polvoriento donde los cuerpos son átomos que espesa el aire en una luz que no ilumina nada.
Todo queda inmóvil, diezmado. En calma desmedida. Solo flamear de voces muertas en un despertar sin ocaso ni aurora. Por estandarte un sol que se olvidó de brillar
Tristes pasatiempos de un mundo atrapado en sucesos desmedidos superando el infierno imaginado donde las palabras y los cuerpos se atomizan. Nula parece la esperanza.
Se desliza raudo ladera abajo un Abrego tempestuoso y cálido. Corre la neblina que, pacientemente instalada en el valle, escribía con transparente tinta leyendas para ser contadas en inamovibles tardes. Un revuelo de hojas altera la quietud. Los árboles se doblan cimbreantes, los animales levantan la testuz, buscando la nube que anuncie la ansiada agua en el secano. Navegan las nubes empujadas por la surada, llenarán canales y acequias, y pintarán de verdes los campos.
A veces el tiempo parece detenerse pararse en su alocada voracidad de vida consumida sin apenas degustarla. Nada ocurre Parece que solo los aromas se mueven y las gotas de lluvia en los invernales árboles, como incipientes hojas a punto de salir, se tambalean sin brisa, atesorando un brillante en su interior... Quietud, eternidad de un instante, sin detenerse sigue, empuja una acuosa hoja otras acompañan la caída en la clepsidra del universo no hay vejez en el tiempo se sucede nuevamente en un movimiento inexorable... Sin saber cuánto durará
A tiempo fijo florecen los arboles y también a su tiempo se desprenden los adornos de sus ramas A tiempo el río risueño, bullicioso y saltarín, goza de su desbordante caudal y también él sabe que hay otro tiempo donde pasará sed de identidad. A tiempo fijo los animales ejecutan ansiadas ceremonias sucesorias, tiempo luego de letargo y espera. A tiempo la luna va cambiando mes a mes siguiendo el ritmo conocido y constante como átomo aislado en el profundo infinito. Hay un tiempo de inicio un tiempo de gozo y vida, sin retorno, que llega al tiempo final, enigmático, desconocido. Cada tiempo a su tiempo, ahora, es aún momento de seguir volando en este tiempo vital.
En la orilla del río, un aliso, Con las primeras luces del alba, sostiene mi cansada espalda. Una explosión de colores estalla, contemplo el sonido, que, Invadiendo de partículas olorosas. dulcemente penetra en mi. Todos mis sentidos embriagados, El río aún en sus sueños, apresurados por llegar, de mares donde recalar, donde onduladas olas etéreas esperan diluirse en esa inmensidad. ávidas de nuevo caudal. Instalado ya el astro rey Dando vida a cada rincón se abren las flores a tanta luz. Brilla la revoltosa espuma de las olas, La vida se despereza y sonríe. El mar juega a anegar la tierra, y la tierra se acicala vistiéndose. pero le moja los bajos del vestido, sus mejores galas.
En la orilla del río, un aliso, con las primeras luces del alba sostiene mi cansada espalda. Una explosión de colores estalla, contemplo el sonido, que, invadiendo de partículas olorosas dulcemente se adentra en mi. Todos mis sentidos embriagados. El río aún en sus sueños apresurados por llegar, de mares donde recalar, donde onduladas olas etéreas esperan diluirse en esa inmensidad, ávidas de un nuevo caudal. Instalado ya el astro rey dando vida a cada rincón se abren las flores a tanta luz. Brilla la revoltosa espuma de las olas. la vida se despereza y sonríe, el mar juega a anegar la tierra y la tierra se acicala vistiéndose, pero le moja los bajos del vestido, sus mejores galas.
En el aire de la tarde, adentrándome en caminos inexistentes, flotando en el misterio de la nada como un Icaro sin alas.
Abajo lo conocido, se hace minúsculo, dominable, poca cosa. Arriba todo sigue igual: lejano, inmenso, sin trabas, abierto a todas las posibilidades.
Por ahí está la salida.
No es cierto que no podamos volar alto, "si vuelas alto se derretirá la cera de las alas". No las necesitamos, podemos volar sin ellas, podemos volar sin dioses, podemos volar juntos. Hay estrellas para todos.
El fuerte y húmedo soplo del Céfiro me arrastra, cabalgando, en las olas del estruendoso mar suavizada por blanda espuma. Hacia qué lugar me llevara esta barca, de toscas tablas y alocada vela, que muchas veces no se ni manejar. Qué puerto veré en lontananza, que me permita arribar, y descansar estos huesos ateridos y cansados de navegar. Vagando por la tierra inmensa, seguro estoy que me esperan aun grandes aventuras, nuevas navegaciones sin barca, por boscosos valles y altas cumbres, sin miedo bajo una ola a zozobrar, donde los caminos son más definidos y sopla el cálido y acariciante Noto.
Al igual que mirando ensimismado, como el sol va mostrando cada parte de los objetos iluminados, adentrándose hasta los mas recónditos rincones, de igual manera contemplo: tu deslumbrante armonía, tu sonrisa siempre en los labios, tu desbordante cariño presto a envolverme, tu llegar cuando aún no hemos llegado. tu...
Recuerdo el sol cegador bañando tu cuerpo en idílicas playas, donde, amor, ese chiquillo alado y alocado, se entretenía lanzando flechas con su arco, mientras nosotros aprovechábamos, los divinos rayos, las cálidas aguas y la blanda y fina arena, que, en nuestros juegos, nos vestía con un manto rugoso, perfumado con el oloroso manantial de los placeres. Recuerdos que no están en el lugar donde habita el olvido, están cada día presentes, aumentando nuevas ilusiones y aunque el sol deje de brillar, y el inmenso mar se seque el alado arquero vendrá a visitarnos
La aurora resplandeciente cubría con sus rosas gasas, por unos instantes, la superficie del mar mecida por una brisa inapreciable que no perturba, tan solo pequeñas ondulaciones rosadas ahora en sus crestas. Con un ritmo órfico como de remeros del Argos, el mar, repite incansable sus ansias de invadir tierra firme. Me despierto de un sueño dulce bajo un frondoso plátano, cuando Eos, recogiendo su rosado tul alcanza la altura del cielo descendiendo el Céfiro hasta el horizonte en el mar.
Con gesto reincidente y diario, te levantas a interpretar, el mismo personaje de este teatro sin bambalinas donde refugiarse, sin texto definido, sólo algunas orientaciones. Recorres con la vista el escenario y este, sin más, te engulle. No hay opción. Todo en su sitio para que empiece la función. Luces y arriba el telón, eres quien sale a escena. Piensas en crear un nuevo personaje, darle un giro a tanta interpretación manida, pero la costumbre impera y empieza la representación, exactamente igual que siempre, lo conocido, sintiendo lo que va a suceder, Tiempo no lo borra todo en su huida, no se sabe dónde, lo guarda en la memoria. Ya metido en el personaje y la función empezada no es momento de cambios, mañana habrá otra puesta en escena, y tal vez...