A través de las ramas de un abedul
siento el crepúsculo acariciar mi cara,
suaves rayos que no calientan,
en un otoño que ya va avanzado.
Trozos de cielo enrojecido,
que en breve se envolverán en sombras,
cuando este sol tardío, agónico cruce
el borde oscuro de las sierras altas.
Sombras y más sombras llenan
los rostros inmóviles antes clareados
Dentro de poco ya no habrá luces, pero
aún corren por mis venas, sus efectos
en esta tarde iluminada.
