El aire de la tarde

El aire de la tarde se quema en el crepúsculo.
La naturaleza del mundo se aísla
por los abismos de nubes melancólicas
que serpentean en el encendido fuego.

Las rosas, tímidas, languidecen a la espera,
en que apagado y en rescoldos ya el fuego,
la luna suave y redonda tiña en blanco,
los aún umbrosos pétalos fatigados
de exhalar embriagantes aromas,
presagio de auroras de rocío cubridoras.

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