Esquiva como la noche cuando la aurora lanza su primer haz rosado, como una pincelada de pintor muerto, saliéndose del lienzo apresurada. Rauda la memoria deposita en el olvido, hasta los pasajes de la vida más cotidianos, en un giro extenuante de recuerdos, emblanquecidos ya por una luz opaca. Imposible distinguir su contenido. La mirada en blanco y el ademán cansado, busca la hermandad necesaria, con una medio sonrisa de extrañeza, para que un cuerpo, ya sin nadie, pueda hilvanar los hilos sueltos de su vida, ya casi terminada.