No sé si fruto del azar o que el depósito de recuerdos desbordado de contenidos, invade la mente al amanecer, al calor de las sábanas templadas, mezclando, como palabras inconexas de un texto, en un tumulto de silencios, imágenes pretéritas que existieron, junto a otras, muchas veces impertinentes, que vienen pregonando fueron ciertas. No hay tiempo marcado en el relato. Y sobre las borrosas claridades, soñadas en realidad, brinda algo de opacidad un velo, que corrige la distancia a lo real...