Tanto

Tanto amor olvidado
Tantos desamores no atendidos
Tanto silencio escuchado
Tantos gritos no oídos.
Tanta ansia no saciada
Tantas conquistas no disfrutadas.
Tanto olvido recordado
Tantas realidades si olvidadas.
Tanto odio acumulado
Tantas caricias desaprovechadas.
Tanto dicho sin palabras
Tantas palabras mal dichas
Tanto pensamiento no expresado
Tantas ideas invadiendo todo
Tanto poder en unos pocos
Tantos, no pocos, bajo un poder
Tanto y tantos y por lo tanto
Tantos asuntos por resolver.

¿Qué edad tendrá la luna?

En los días de luna,
la ventana abierta,
la luz se cuela y
llena las paredes de sombras
como si fuese pleno día,
dando un blanquecino color
a los objetos iluminados.
La canosa luna
presume de sus blancos cabellos.
¿Qué edad tendrá la luna?
No me refiero a la edad geológica.
Pienso en el momento en que,
alguien, mirándola fijamente
quedó hechizado de su fulgor y
elaboró bellos pensamientos.
¿Ya estaba canosa en ese momento?
Sigue la luna derramando
blancos cabellos sobre la habitación,
destacando también
el paso del tiempo en el sillón
arrugado y desvaído de color,
y una franja ilumina mi cabeza,
mostrando los cabellos canos.

¿Qué edad tendrá la luna?

Escucho el silencio

Escucho el silencio cargado de sonidos
introduciéndose en mis oídos, como un susurro,
derramándose por todo mi cuerpo
como la espuma del mar cuando el barco
corta la superficie ondulada.
Siento esa espuma instalarse en mi cabeza
buscando imágenes que correspondan
con los sonidos del silencio y ajustarlos.
Difícil tarea, pues hay imágenes
que no encajan con silencios sonoros,
pero sí con silencio.
Así nos dimos el primer beso,
Así descubrimos el arte de Venus y
así, en silencio, dimos gracias a
aquellos primitivos organismos unicelulares
que perseveraron para que ahora estemos
aquí, contemplando al imponente y luminoso,
dador de vida, traspasar la línea de la montaña,
dejándonos todo iluminado de una luz silenciosa.
El sigue en su tarea de revolver en los recuerdos
en busca de imágenes anodinas,
nosotros seguiremos contemplando el silencio.


El mar de aluminio

A Encarnación Domingo

El mar en mayo ofrece
un frescor de aluminio brillante
sobre un fondo oscuro
manchando también la arena
que la bajamar descubre.
La marea deja en la arena formas
a modo de diminutas dunas que
semejan las arrugas de la frente de Neptuno.
No hay oleaje que interrumpa la quietud
y los brillos metálicos se expanden
evocando placidez.
Tensado, el horizonte, brilla
parcelando la imagen,
de sombras y abismos que se mecen,
en una ebriedad de vacío perforado.

Cuadro de Encarnación Domingo en el Ayto. de Castrillón (Asturias)

Roca

En su quietud, la roca me mira,
erguida, altanera,
con pretensiones de diosa
en marmóreo templo,
y yo
contemplo su naturaleza.

Recibe con agrado la lluvia
que lava sus impurezas,
el sol la seca,
y resplandece nuevamente
su glauca superficie.
A su lado,
un haya joven,
le proporciona algo de sombra,
y ella la deja alimentarse
de su frescura

Me detengo a su lado.
apoyo la espalda en el pétreo sillón,
Respiro Hondo.
Veo que el haya me mira,
¡no he elegido su tronco para apoyarme!

Como en un susurro al oído
la roca me pregunta:
¿Cuanto tiempo estaré,
así,
inmóvil?
No recuerdo la última vez
que notó un cambio...

Sonrío al pensar
que me hable una roca.
La pregunta se repite, pero,
no sé como responder
desde una vida efímera
a tanta longevidad...

Roca madre

De la cantera de Paros
arrancado de su origen
un blanquísimo bloque marmóreo
aguarda, sobre rodillos,
a ser transportado.
La madre roca,
desde su herida,
lo contempla con tristeza.
Tu destino no será
esquina de templo.
Confía en tu belleza interior
y no olvides tu procedencia.
Otros hermanos saldrán tras de ti.
En un lugar os esperan,
hombres hábiles,
que con sus cinceles,
y a golpes, os quitaran
estas rústicas vestiduras
mostrando el moldeado cuerpo
de una Venus
o el musculoso torso
de un Hermes.
Seréis admirados por todos.
y recordad,
que antes,
grandes fuerzas sin cinceles,
os formaron también
para ser admiradas
en destinos menos importantes.
Yo seguiré aquí,
testigo de vuestra procedencia,


Realidades

Contemplo un cuadro en movimiento
aparentemente inmóvil.
Dos azules se juntan sin mezclarse.
Las cadenciosas olas
no rompen la quietud del paisaje
y la orilla húmeda las acoge
en su lenta muerte.

Un poco más atrás yo,
petrificado,
la vista en la unión de los azules,
embriagado de quietud.

Por la derecha aparece un velero,
blanca vela extendida,
sobrevolando el agua,
negando la pintura,
se aleja, hasta situarse
en el índigo horizonte
donde permanece atrapado
por la ausencia de movimiento.

Sigo en mi sitio sin saber
si alguien pintó el barco
o estaba ahí desde el principio.

Orden

¿Qué siente el mar
cuando,
constante y repetitivo
se acerca a la orilla
y nos acaricia los pies?

¿Qué siente el árbol,
robustecido desde la semilla,
luciendo ahora, su porte firme
en medio de la fronda,
cuando ve la implacable sierra
que lo transformará
en pulido mueble?

¿Sabe el agua de la fuente,
surgida de ocultos huecos pétreos,
que es bien recibida por
los seres vivos
escuchando el murmullo
al saciar su sed?

¿Sabe la luna,
alejada de nosotros,
que la sentimos cerca,
cuando sin luz nos ilumina,
buscándola en la noche,
con nostalgia.

¿ Sabe la rosa
en su esplendor,
¡efímera belleza!
que cada pétalo,
ahora en perfecta armonía,
tapizará, en desorden,
el suelo?

¿Siente el hombre
cuando el dolor, el miedo,
la angustia, lo acorralan,
la pertenencia
a este orden misterioso:
el mar,
el árbol
el agua
la luna
y la rosa...?

Olvido

¿Dónde habita el olvido?
¿En qué edificio se guarda?
¿qué habitación lo atesora?
¿Dónde está colocado,
en qué cajones, en que estantes...?
¿Con que orden?
¿Cómo buscar en los anaqueles
¡Tantas cosas olvidadas!
¡Tanta información vivida!

Atrapado en sordas paredes.
Guardado bajo llaves,
se resiste a salir
y yo me resisto a perderlo.

Presentaré la documentación,
rellenaré instancias y registros,
iré ante los guardianes,
exigiendo libertad sin condición,
haré huelga de hambre,
hasta que me devuelvan lo olvidado.

Noche

Aparece vestida
con su manto agujereado.
Todo es negro abismo.
Emergen los sonidos.
Los olores se hacen más presentes.
Se oye el silencio...

Llegan olores de día terminado,
a hierba recién cortada,
a sudor en la tierra depositado,
olor antiguo de amargas injusticias.

Gritos de dolor tantas veces sofocados,
se confunden en este silencio aprisionado
en que todos esperan que la Aurora
traiga nuevas ansias renovadas.