Tanto amor olvidado Tantos desamores no atendidos Tanto silencio escuchado Tantos gritos no oídos. Tanta ansia no saciada Tantas conquistas no disfrutadas. Tanto olvido recordado Tantas realidades si olvidadas. Tanto odio acumulado Tantas caricias desaprovechadas. Tanto dicho sin palabras Tantas palabras mal dichas Tanto pensamiento no expresado Tantas ideas invadiendo todo Tanto poder en unos pocos Tantos, no pocos, bajo un poder Tanto y tantos y por lo tanto Tantos asuntos por resolver.
En los días de luna, la ventana abierta, la luz se cuela y llena las paredes de sombras como si fuese pleno día, dando un blanquecino color a los objetos iluminados. La canosa luna presume de sus blancos cabellos. ¿Qué edad tendrá la luna? No me refiero a la edad geológica. Pienso en el momento en que, alguien, mirándola fijamente quedó hechizado de su fulgor y elaboró bellos pensamientos. ¿Ya estaba canosa en ese momento? Sigue la luna derramando blancos cabellos sobre la habitación, destacando también el paso del tiempo en el sillón arrugado y desvaído de color, y una franja ilumina mi cabeza, mostrando los cabellos canos.
Escucho el silencio cargado de sonidos introduciéndose en mis oídos, como un susurro, derramándose por todo mi cuerpo como la espuma del mar cuando el barco corta la superficie ondulada. Siento esa espuma instalarse en mi cabeza buscando imágenes que correspondan con los sonidos del silencio y ajustarlos. Difícil tarea, pues hay imágenes que no encajan con silencios sonoros, pero sí con silencio. Así nos dimos el primer beso, Así descubrimos el arte de Venus y así, en silencio, dimos gracias a aquellos primitivos organismos unicelulares que perseveraron para que ahora estemos aquí, contemplando al imponente y luminoso, dador de vida, traspasar la línea de la montaña, dejándonos todo iluminado de una luz silenciosa. El sigue en su tarea de revolver en los recuerdos en busca de imágenes anodinas, nosotros seguiremos contemplando el silencio.
El mar en mayo ofrece un frescor de aluminio brillante sobre un fondo oscuro manchando también la arena que la bajamar descubre. La marea deja en la arena formas a modo de diminutas dunas que semejan las arrugas de la frente de Neptuno. No hay oleaje que interrumpa la quietud y los brillos metálicos se expanden evocando placidez. Tensado, el horizonte, brilla parcelando la imagen, de sombras y abismos que se mecen, en una ebriedad de vacío perforado.
Cuadro de Encarnación Domingo en el Ayto. de Castrillón (Asturias)
En su quietud, la roca me mira, erguida, altanera, con pretensiones de diosa en marmóreo templo, y yo contemplo su naturaleza.
Recibe con agrado la lluvia que lava sus impurezas, el sol la seca, y resplandece nuevamente su glauca superficie. A su lado, un haya joven, le proporciona algo de sombra, y ella la deja alimentarse de su frescura
Me detengo a su lado. apoyo la espalda en el pétreo sillón, Respiro Hondo. Veo que el haya me mira, ¡no he elegido su tronco para apoyarme!
Como en un susurro al oído la roca me pregunta: ¿Cuanto tiempo estaré, así, inmóvil? No recuerdo la última vez que notó un cambio...
Sonrío al pensar que me hable una roca. La pregunta se repite, pero, no sé como responder desde una vida efímera a tanta longevidad...
De la cantera de Paros arrancado de su origen un blanquísimo bloque marmóreo aguarda, sobre rodillos, a ser transportado. La madre roca, desde su herida, lo contempla con tristeza. Tu destino no será esquina de templo. Confía en tu belleza interior y no olvides tu procedencia. Otros hermanos saldrán tras de ti. En un lugar os esperan, hombres hábiles, que con sus cinceles, y a golpes, os quitaran estas rústicas vestiduras mostrando el moldeado cuerpo de una Venus o el musculoso torso de un Hermes. Seréis admirados por todos. y recordad, que antes, grandes fuerzas sin cinceles, os formaron también para ser admiradas en destinos menos importantes. Yo seguiré aquí, testigo de vuestra procedencia,
Contemplo un cuadro en movimiento aparentemente inmóvil. Dos azules se juntan sin mezclarse. Las cadenciosas olas no rompen la quietud del paisaje y la orilla húmeda las acoge en su lenta muerte.
Un poco más atrás yo, petrificado, la vista en la unión de los azules, embriagado de quietud.
Por la derecha aparece un velero, blanca vela extendida, sobrevolando el agua, negando la pintura, se aleja, hasta situarse en el índigo horizonte donde permanece atrapado por la ausencia de movimiento.
Sigo en mi sitio sin saber si alguien pintó el barco o estaba ahí desde el principio.
¿Qué siente el mar cuando, constante y repetitivo se acerca a la orilla y nos acaricia los pies?
¿Qué siente el árbol, robustecido desde la semilla, luciendo ahora, su porte firme en medio de la fronda, cuando ve la implacable sierra que lo transformará en pulido mueble?
¿Sabe el agua de la fuente, surgida de ocultos huecos pétreos, que es bien recibida por los seres vivos escuchando el murmullo al saciar su sed?
¿Sabe la luna, alejada de nosotros, que la sentimos cerca, cuando sin luz nos ilumina, buscándola en la noche, con nostalgia.
¿ Sabe la rosa en su esplendor, ¡efímera belleza! que cada pétalo, ahora en perfecta armonía, tapizará, en desorden, el suelo?
¿Siente el hombre cuando el dolor, el miedo, la angustia, lo acorralan, la pertenencia a este orden misterioso: el mar, el árbol el agua la luna y la rosa...?
¿Dónde habita el olvido? ¿En qué edificio se guarda? ¿qué habitación lo atesora? ¿Dónde está colocado, en qué cajones, en que estantes...? ¿Con que orden? ¿Cómo buscar en los anaqueles ¡Tantas cosas olvidadas! ¡Tanta información vivida!
Atrapado en sordas paredes. Guardado bajo llaves, se resiste a salir y yo me resisto a perderlo.
Presentaré la documentación, rellenaré instancias y registros, iré ante los guardianes, exigiendo libertad sin condición, haré huelga de hambre, hasta que me devuelvan lo olvidado.