Al igual que mirando ensimismado, como el sol va mostrando cada parte de los objetos iluminados, adentrándose hasta los mas recónditos rincones, de igual manera contemplo: tu deslumbrante armonía, tu sonrisa siempre en los labios, tu desbordante cariño presto a envolverme, tu llegar cuando aún no hemos llegado. tu...
Recuerdo el sol cegador bañando tu cuerpo en idílicas playas, donde, amor, ese chiquillo alado y alocado, se entretenía lanzando flechas con su arco, mientras nosotros aprovechábamos, los divinos rayos, las cálidas aguas y la blanda y fina arena, que, en nuestros juegos, nos vestía con un manto rugoso, perfumado con el oloroso manantial de los placeres. Recuerdos que no están en el lugar donde habita el olvido, están cada día presentes, aumentando nuevas ilusiones y aunque el sol deje de brillar, y el inmenso mar se seque el alado arquero vendrá a visitarnos
La aurora resplandeciente cubría con sus rosas gasas, por unos instantes, la superficie del mar mecida por una brisa inapreciable que no perturba, tan solo pequeñas ondulaciones rosadas ahora en sus crestas. Con un ritmo órfico como de remeros del Argos, el mar, repite incansable sus ansias de invadir tierra firme. Me despierto de un sueño dulce bajo un frondoso plátano, cuando Eos, recogiendo su rosado tul alcanza la altura del cielo descendiendo el Céfiro hasta el horizonte en el mar.
Con gesto reincidente y diario, te levantas a interpretar, el mismo personaje de este teatro sin bambalinas donde refugiarse, sin texto definido, sólo algunas orientaciones. Recorres con la vista el escenario y este, sin más, te engulle. No hay opción. Todo en su sitio para que empiece la función. Luces y arriba el telón, eres quien sale a escena. Piensas en crear un nuevo personaje, darle un giro a tanta interpretación manida, pero la costumbre impera y empieza la representación, exactamente igual que siempre, lo conocido, sintiendo lo que va a suceder, Tiempo no lo borra todo en su huida, no se sabe dónde, lo guarda en la memoria. Ya metido en el personaje y la función empezada no es momento de cambios, mañana habrá otra puesta en escena, y tal vez...
Tanto amor olvidado Tantos desamores no atendidos Tanto silencio escuchado Tantos gritos no oídos. Tanta ansia no saciada Tantas conquistas no disfrutadas. Tanto olvido recordado Tantas realidades si olvidadas. Tanto odio acumulado Tantas caricias desaprovechadas. Tanto dicho sin palabras Tantas palabras mal dichas Tanto pensamiento no expresado Tantas ideas invadiendo todo Tanto poder en unos pocos Tantos, no pocos, bajo un poder Tanto y tantos y por lo tanto Tantos asuntos por resolver.
En los días de luna, la ventana abierta, la luz se cuela y llena las paredes de sombras como si fuese pleno día, dando un blanquecino color a los objetos iluminados. La canosa luna presume de sus blancos cabellos. ¿Qué edad tendrá la luna? No me refiero a la edad geológica. Pienso en el momento en que, alguien, mirándola fijamente quedó hechizado de su fulgor y elaboró bellos pensamientos. ¿Ya estaba canosa en ese momento? Sigue la luna derramando blancos cabellos sobre la habitación, destacando también el paso del tiempo en el sillón arrugado y desvaído de color, y una franja ilumina mi cabeza, mostrando los cabellos canos.