El cisne se desliza Silencioso, blanco, bello, con el cuello bien estirado, y lo dobla para dormir.
Duda la luz de la vela, al iluminar la oscura estancia, por el leve aleteo de la mano, en el gesto de encender.
Canta el pájaro en el árbol. Con melodía hermosa vibrando por el cielo. Tendiendo al sol va, sus versos, de rama en rama, a secar su rima. Ni rima, ni ritmo distingo en la rama. No se le mueve una pluma. Los poetas envidiosos, con sus plumas se apresuran, a ser los primeros en captar algún verso, ya seco, desprendido.