Un mirlo posado mansamente
sobre la rama de un árbol.
Sin movimiento, parece disecado.
No hay miedo a depredadores.
Me diseco también en la mirada.
Espero algún leve movimiento.
Los sonidos envuelven el silencio.
Pero sí hay movimiento
en el balanceo de los altaneros árboles,
con direcciones que las brisas marcan,
firmes al suelo de la herbosa pradera,
niños juegan con toda clase de objetos
y gritan excitados de imaginaciones.
El mirlo, ajeno a todo, no se mueve.
Se va moviendo en un todo

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