Parda tierra, con ausencia de agua. Sin música en los ríos. Es el momento en que las pajas del trigo, muestran todo su esplendor dorado, bajo un soplo mágico de luz. Los montes suavizan sus laderas, en una oscura e inclinada melancolía ante la inevitable mutación de las horas, delimitando los contornos del mundo. Navegando la luna en el desvaído azul, va pintando de morados la planicie, antes de que la noche vaya cayendo. Desprotegido queda el paisaje. Sopla suave un viento fresco y la luna ahora concentra toda la luz que perdió el campo.