Sonido de la tierra

Adentrándose en lo profundo del bosque,
allí, donde no llega el sonido de los hombres,
el aire ejerce como hacedor de sonidos,
y así los árboles mueven sus hojas y ramas,
y siguen un tiempo sonando después de pasar la ráfaga,
que también entra por las hendiduras y oquedades
de los antiguos y grandiosos troncos,
silbando, rugiendo, vociferando sonidos,
y cuando se detiene el energético viento,
se quedan las oquedades vacías de silencio.
Es cuando el agua del arroyo ocupa el vacío
golpeándose contra los cantos del cauce,
Mientras desde la quieta rama, un mirlo,
acompaña con su canto a la fugaz agua
que presurosa sigue su curso hacia su destino.

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